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lunes, 29 de septiembre de 2014

Carmen (Dervaux, 1980) – DVD

Pierre Dervaux (dir.); Teresa Berganza (Carmen); Plácido Domingo (Don José); Ruggero Raimondi (Escamillo); Katia Ricciarelli (Micaela); Daniéle Perriers (Frasquita); Jane Bérbié (Mercedes); Jean Laine (Zúñiga); Ybes Bisson (Morales); Michel Philippe (Dancaïre); Michel Sénéchal (Remendado). Coro y Orquesta del Teatro Nacional de la Ópera de París. DELPRADO DVD.

Durante mucho tiempo busqué sin éxito este DVD, que hasta la fecha jamás ha tenido una distribución comercial decente. Pude dar con él a través de internet hace unos meses y solo ahora me he sentado a verlo. Mis expectativas, que naturalmente eran altísimas, no se han visto defraudadas lo más mínimo: esto es una auténtica maravilla incomprensiblemente olvidada que hay que reivindicar. He intentado ser objetivo y “frío” mientras veía la representación para poder crearme unas impresiones propias de esta función no

domingo, 31 de agosto de 2014

Don Pasquale (Levine, 2010) – DVD

James Levine (dir.); John Del Carlo (Don Pasquale); Anna Netrebko (Norina); Matthew Polenzani (Ernesto); Mariusz Kwiecien (Dr. Malatesta); Bernard Fitch (Notario). The Metropolitan Opera Orchestra and Chorus. DEUTSCHE GRAMMPHON DVD.

Hacía bastante tiempo que tenía por casa este DVD de Don Pasquale sin que hasta ahora me hubiese decidido a verlo, y lo cierto es que ha sido para mí una gratísima sorpresa. Me ha gustado mucho más de lo que esperaba.

Con cuarenta años de carrera en el Met a sus espaldas, estas funciones han sido las primeras que ha dirigido James Levine de esta ópera, y lo cierto es que el resultado me ha parecido en términos generales bastante óptimo. Hay un obvio trabajo con la orquesta enfocado muchas veces a ayudar a los cantantes

domingo, 20 de julio de 2014

Simon Boccanegra (Mariotti, 2007) – DVD

Michele Mariotti (dir.); Roberto Frontali (Simon Boccanegra); Carmen Giannasttasio (Amelia Grimaldi); Giuseppe Gipali (Gabriele Adorno); Giacomo Prestia (Jacopo Fiesco); Marco Vratogna (Paolo Albiani); Alberto Rota (Pietro); Enea Scala (Capitán de ballesteros); Lucia Michelazzo (Doncella de Amelia). Coro y Orquesta del Teatro Comunale di Bologna. ARTHAUS DVD.

No destaca el Simon Boccanegra de Mariotti por tener un reparto excepcional, aunque la mediocridad general no es lo suficientemente sangrante como para que el resultado sea catastrófico. Nos movemos, como digo, en el campo de la mediocridad musical en su sentido literal, tal y como la entiende la RAE: nivel medio, si acaso más cercano a lo negativo que a lo positivo. Este DVD no es tan malo como para ser un desastre ni tan bueno como

lunes, 16 de junio de 2014

Madama Butterfly: Discografía comentada

Un año y medio he tardado en hacer acopio de grabaciones de Madama Butterfly y comentar en el blog mis impresiones sobre cada una de ellas, tras escucharlas detenidamente. El resultado de todas esas horas de escucha es el presente post, que compila todo el trabajo de tantos meses.

Por supuesto, estas casi cuarenta versiones analizadas no constituyen de ningún modo una discografía “completa” de esta ópera, pues la idea de tener

jueves, 12 de junio de 2014

Madama Butterfly (Joel, 2012) – DVD

Alexander Joel (dir.); Alexia Voulgaridou (Cio-Cio-San); Teodor Ilincai (Pinkerton); Cristina Damian (Suzuki); Lauri Vasar (Sharpless); Jürgen Sacher (Goro); Viktor Rud (Yamadori); Jongmin Park (Bonzo), Ida Aldrian (Kate). Chor der Staatsoper Hamburg. Orchester Philharmoniker Hamburg. ARTHAUS DVD.

El pasado mes de diciembre dediqué una larga entrada en este blog a esta filmación de Madama Butterfly (ver aquí), que por aquél entonces podía verse íntegra en Youtube en el canal del tenor Teodor Ilincai, que interpreta a Pinkerton. Posteriormente el vídeo fue retirado y ahora ha pasado a comercializarse en DVD y Blu-ray por el sello Arthaus. Tras adquirirlo y verlo nuevamente, he comprobado que se trata, efectivamente, de la misma filmación sin ningún cambio respecto de lo que podía verse antes en internet, con la única diferencia de que antes, tal cual podía verse en Youtube, incluía unas entrevistas

miércoles, 11 de junio de 2014

Così fan tutte (Östman, 1984) – DVD

Arnold Östman (dir.); Ann Christine Biel (Fiordiligi); Maria Höglind (Dorabella); Lars Tibell (Ferrando); Magnus Linden (Guglielmo); Ulla Severin (Despina); Enzo Florimo (Don Alfonso). Coro y Orquesta del Teatro de la Corte de Drottningholm. ARTHAUS DVD.

Este es el primer DVD de Così fan tutte realizado con una orquesta de instrumentos originales. En los treinta años transcurridos desde su filmación se han multiplicado las opciones, naturalmente, y a día de hoy podemos encontrar muchas otras versiones historicistas de esta ópera superiores en calidad, aunque el trabajo de Arnold Östman al frente de la orquesta de Drottningholm no sólo no ha envejecido mal, sino que sigue conservando a día de hoy su carácter “radical” con el que buscaba sorprender en

viernes, 6 de junio de 2014

Madama Butterfly (Callegari, 2010) – DVD

Daniele Callegari (dir.); Raffaella Angeletti (Cio-Cio-San); Massimiliano Pisapia (Pinkerton); Annunziata Vestri (Suzuki); Claudio Sgura (Sharpless); Thomas Morris (Goro); Enrico Cossutta (Yamadori); Enrico Iori (Bonzo), Nino Batatunashvili (Kate). Coro Lirico Marchigiano “Vincenzo Bellini”. Fondazione Orchestra Regionale delle Marche. UNITEL CLASSICA DVD.

Una de las más interesantes grabaciones recientes de Madama Butterfly es esta filmación registrada en 2010 de unas representaciones al aire libre en el Sferisterio de Macerata. Tanto a nivel musical como escénico las cosas tienen un nivel lo suficientemente notable como para que pueda considerarse a esta como una función de altura, aunque naturalmente, hay también altibajos y aspectos discutibles.

Comencemos con la puesta en escena. El trabajo de Pier Luigi Pizzi es verdaderamente digno de encomio en muchas cosas, pues consigue transmitir

domingo, 18 de mayo de 2014

La Traviata (Solti, 1994) – DVD

Sir Georg Solti (dir.); Angela Gheorghiu (Violetta Valéry); Frank Lopardo (Alfredo Germont); Leo Nucci (Giorgio Germont); Leah-Marian Jones (Flora Bervoix); Gillian Knight (Annina); Robin Leggate (Gastone); Richard Van Allan (Il barone Douphol), Roderick Earle (Il marchese d’Obigny); Mark Beesley (Il dottore Grenvil); Neil Griffiths (Giuseppe). Orchestra & Chorus of the Royal Opera House, Covent Garden. DECCA DVD.

De entre las filmaciones disponibles en el mercado de La traviata, esta de Sir Georg Solti de 1994 ha sido una de las opciones más populares y queridas por los melómanos de los últimos veinte años. Viéndola de nuevo, no faltan motivos

martes, 29 de abril de 2014

Madama Butterfly (Sucharitkul, 2007) - DVD

Somtow Sucharitkul (dir.); Nancy Yuen (Cio-Cio-San); Israel Lozano (Pinkerton); Yun Deng (Suzuki); Colin Morris (Sharpless); Peter Ong (Goro); Vutiphand Pongtanalert (Yamadori); Pitchaya Kemasingki (Bonzo), Shellagh Angpiroj (Kate). Siam Philharmonic. Orpheus Choir of Bangkok. BANGKOK OPERA DVD.

De todas las grabaciones de ópera que llevo comentadas en El patio de butacas, esta Butterfly tailandesa es, con toda seguridad, la que ofrece un nivel más mediocre, más próximo a las posibilidades de un grupo de aficionados que de profesionales de la ópera. De hecho, tengo serias dudas de si esta versión no es puramente amateur en lugar de profesional, pues el estuche del DVD viene sin cuadernillo y apenas trae información de nada. Sea como fuere, como sabrá quien lea con frecuencia este blog, hace tiempo que busco hacer una discografía comparada de esta gran ópera –meta que cada día está más y más cercana– y por eso mismo adquirí hace poco esta versión: cuantas

domingo, 6 de abril de 2014

Idomeneo (Östman, 1991) – DVD

Arnold Östman (dir.); Stuart Kale (Idomeneo); David Kuebler (Idamante); Ann Christine Biel (Ilia); Anita Soldh (Elettra); John-Eric Jacobsen (Arbace); Lars Tibell (Gran sacerdote di Nettuno); Olle Sköld (La voce). Coro y Orquesta del Teatro de la Corte de Drottningholm. ARTHAUS DVD.

Este Idomeneo de 1991 es, hasta donde sé, la última filmación que realizó Arnold Östman de una ópera de Mozart en el Teatro de la Corte de Drottningholm (Suecia). De hecho, ese año fue el último de Östman como su director, cargo que había ocupado en 1979. Durante la década de los ochenta revitalizó la actividad de ese teatro y adquirió cierta popularidad en gran medida gracias precisamente a estas grabaciones mozartianas en las que hacía gala de un historicismo que puede llegar a sonar revolucionario –y por qué no decirlo, chocante– incluso al oyente actual. Aunque sus lecturas son desiguales en calidad, es mérito de Östman haber sido claramente uno de los pioneros en aplicar el historicismo musical a la obra de

jueves, 27 de marzo de 2014

Madama Butterfly (De Fabritiis, 1956) – DVD

Oliviero De Fabritiis (dir.); Anna Moffo (Cio-Cio-San); Renato Cioni (Pinkerton); Miti Truccato Pace (Suzuki); Afro Poli (Sharpless); Gino Del Signore (Goro); Pierluigi Latinucci (Yamadori); Dimitri Lopatto (Bonzo), Lella Dori (Kate). Coro y Orquesta de la Radiotelevisión Italiana de Milán. VAI DVD.

El sello VAI tiene el gran mérito de desenterrar viejas filmaciones protagonizadas por grandes mitos de la ópera y ponerlas a disposición del público. Normalmente ocurre que la calidad de imagen no es como para tirar cohetes precisamente, pero al menos se ofrece al aficionado la oportunidad de ver a grandes figuras de la ópera y de captar algo de lo que debía ser el impacto que producía su presencia escénica, más allá de lo reflejado en las grabaciones de audio. Eso sí, la única pega es que el precio de los productos de VAI podría ser bastante más barato.

Este DVD que comento es una vieja –y visualmente modesta– película de Madama Butterfly, protagonizada por una joven Anna Moffo que estaba a punto de despegar como una figura de primera magnitud en el mundo de la ópera. La dirección de este telefilm de 1956 corrió a cuenta de Mario Lanfranchi, que quería a una intérprete joven capaz de resultar visualmente creíble como la dulce

miércoles, 19 de marzo de 2014

Turandot (Mehta, 1998) – DVD

Zubin Mehta (dir.); Giovanna Casolla (Turandot); Sergej Larin (Calaf); Barbara Frittoli (Liù); Carlo Colombara (Timur); Aldo Bottion (Altoum); José Fardilha (Ping); Francesco Piccoli (Pang), Carlo Allemano (Pong); Vittorio Vitelli (Mandarino). Orquesta y Coro del Maggio Musicale Fiorentino. RCA DVD.

Soy de los que piensan que en cuestión de óperas los DVDs realmente imprescindibles son muy inferiores en cantidad a las grabaciones en disco. Pues bien, esta Turandot de Mehta en la mismísima Ciudad Prohibida de Pekín es una de esas filmaciones que cualquier aficionado que guste de la obra de Giacomo Puccini debe conocer. El balance, aun sin llegar a ser sobresaliente en todos sus elementos, es muy positivo.

De entrada, tenemos la idea sugerente de ambientar este portentoso canto de cisne pucciniano en su enclave verdadero, que es, como digo, la Ciudad Prohibida. Cualquier ambientación teatral chinesca que pudiese acercarse al mundo de la caricatura queda inmediatamente descartada, pues lo que tenemos

viernes, 28 de febrero de 2014

La clemenza di Tito (Östman, 1987) – DVD

Arnold Östman (dir.); Stefan Dahlberg (Tito); Lani Poulson (Sesto); Anita Soldh (Vitellia); Maria Höglind (Annio); Pia-Marie Nilsson (Servilia); Jerker Arvidson (Publio). Coro y Orquesta del Teatro de la Corte de Drottningholm. ARTHAUS DVD.

He escrito ya varias entradas comentando DVDs de óperas de Mozart dirigidas por Arnold Östman. Hoy vamos a hacer lo propio con su filmación de “La clemenza di Tito”, registrada en el Teatro de la Corte de Drottningholm en 1987. La distribuye en DVD el sello Arthaus con una calidad visual que podemos considerar como aceptable. 

Suele decirse de Östman que se centra más en la forma que en el fondo y que resulta una batuta puramente funcional, superficial y falta de pathos dramático. Algo hay de cierto en ello, sin duda, aunque sería un error desdeñar todos sus trabajos sin haberles dado antes una oportunidad. Tal y como yo lo veo, el problema principal de este director es el de centrarse más en hacerle entender al

viernes, 31 de enero de 2014

Madama Butterfly (De Waart, 2003) – DVD

Edo de Waart (dir.); Cheryl Barker (Cio-Cio-San); Martin Thompson (Pinkerton); Catherine Keen (Suzuki); Richard Stilwell (Sharpless); Peter Blanchet (Goro); Roger Smeets (Yamadori); Andrzej Saciuk (Bonzo), Anneleen Bijnen (Kate). Chorus of the Netherlandse Opera. Netherlands Philharmonic Orchestra. OPUS ARTE 2 DVD.

Dice Robert Wilson en los extras de este DVD que Madama Butterfly fue la primera ópera que vio en su vida, a la edad de diecisiete años. Y dice también que no le gustaron nada ni la música ni la producción escénica. Lo que no aclara realmente es si su opinión ha cambiado con los años, pues la historia de Cio-Cio-San no es en mi opinión la que mejor se pliega a su peculiar lenguaje visual. En este blog comenté hace mucho su interesante Orfeo y Eurídice con Gardiner, que aun teniendo sus cosas cada vez que lo veo me gusta más. Esta Butterfly, en cambio, está para mí algo por debajo, y creo que la razón hay que buscarla en que la historia que cuenta esta ópera es muy “terrena” para la forma tan austera y casi espiritualizada de la que él hace gala. Para ser completamente franco, se me hace difícil imaginar que cualquier ópera de Puccini pueda encajar completamente en el “estilo Wilson”. Pero no es más que una opinión personal, naturalmente rebatible.


El “estilo Wilson” se manifiesta aquí, como siempre, eliminando cualquier elemento escénico que no sea absolutamente imprescindible y centrándose en contar la historia básicamente a través de la iluminación –que es estupenda, todo hay que decirlo, y crea bellos efectos con las sombras– y sobre todo del lenguaje gestual de los cantantes que se encuentran sobre el escenario. Con esa austeridad visual busca que el oyente pueda centrarse en la música sin distraerse visualmente. Así, tenemos un escenario casi permanentemente vacío, y muchos de los objetos que deberían aparecer son invisibles, puramente imaginarios. Por ejemplo, las pertenencias personales que Butterfly muestra a Pinkerton antes de su boda –el sable de su padre, el abanico, el tarro de pintura, etc.- sencillamente no están, y es el espectador quien tiene que imaginarlas en las manos de los cantantes. 


Predominan, como es habitual en Wilson, los vestidos largos y los colores fríos, y principalmente los tonos azulados. Los movimientos de los cantantes sobre el escenario ni son ni buscan ser realistas, sino transmitir visualmente las emociones internas de los personajes a los que interpretan. Los intérpretes se mueven, por tanto, como a cámara lenta y gesticulando con los brazos, en una forma de expresión corporal que se supone que Wilson saca del teatro japonés. 

El resultado de todo esto es visualmente atrayente, y es evidente que detrás de un montaje de este tipo hay un trabajo considerable, a pesar de su pretendida simplicidad y austeridad. La cuestión es que este tipo de propuesta escénica funciona mejor o peor según la ópera en cuestión, y me da la sensación, repito, de que la combinación de Madama Butterfly y Robert Wilson no acaba de ser del todo pacífica. De todas formas, como siempre me ocurre con este hombre, creo que el resultado debe ganar mucho más visto en persona que en DVD. Eso sí, en mi opinión sobra alguna que otra chorrada pseudo-intelectualoide, como cuando el hijo de Butterfly se dedica a comerse “piedrecitas” del suelo (?) durante el “sueño” orquestal. Los más devotos de Wilson podrán llamarme bárbaro por decir esto y acusarme de no interpretar bien no sé qué simbolismo. Tanto me da. Me parece una tontería.


Musicalmente no es gran cosa esta Butterfly. La pareja protagonista tiene medios suficientes, creo, como para hacer un buen trabajo, pero ninguno de los dos consigue recrear de manera completamente satisfactoria sus papeles. Cheryl Barker tiene una buena voz para cantar Butterfly, aunque algunas veces queda tapada por la orquesta (“Il guaio è che non voglio”). Por otra parte, desde luego no compone al personaje como un ser aniñado. Ni siquiera tierno. Sobre todo durante el primer acto parece contagiada en lo vocal, y no solo en lo gestual, de la deliberada “frialdad” de Wilson y acaba resultando un tanto indiferente. También resulta frío y poco implicado emocionalmente el Pinkerton de Martin Thompson, que además no parece del todo cómodo y tira de portamenti.

Si bien los dos protagonistas parecen algo por debajo del nivel que creo que podrían alcanzar en términos de expresividad vocal, los secundarios son ya abiertamente mediocres, con la salvedad de la eficaz Suzuki de Catherine Keen. Richard Stilwell hace un Sharpless bastante malo, con una fea emisión muscular, fibrosa, y un fraseo que deja mucho que desear en el “Di strapparvi assai mi costa”, lejos del canto legato. Peter Blanchet (Goro) dispone, por su parte, de unos medios vocales peores que discretos: voz muy blanca y fea, siempre según mi humilde entender. La cosa se cierra con un Yamadori meramente cumplidor (Roger Smeets) y un bonzo que no impone nada (Andrzej Saciuk).


No está mal la dirección musical de Edo de Waart, inhabitual en Puccini. De hecho, si no recuerdo mal, creo que él mismo señala en las entrevistas que se incluyen como bonus que este era su primer Puccini. Tampoco se corta criticando lo que no le gusta del montaje de Wilson, concretamente el aspecto japonés con el que aparecen en escena los personajes estadounidenses, atenuándose así un pilar de la historia como es el choque entre culturas. Sea como fuere, acompaña bien con la orquesta, aunque introduce el corte habitual en el coro de parientes de Butterfly anterior al “O amico fortunato”. Su visión de la partitura es elegante y tiene quizá cierta tendencia a la lentitud. El principal reparo que se le puede poner es que, en mi opinión, su dirección resulta competente pero algo blanda y desapasionada, falta en suma de intensidad dramática y fuerza expresiva.

En resumen, la versión puede ser interesante para los admiradores de Wilson y para aquéllos que gusten de enfoques poco infantiles para el papel de Butterfly, pero globalmente creo que hay DVDs preferibles a este en conjunto.


jueves, 30 de enero de 2014

Aida (Stefanelli, 2001) – DVD

Massimiliano Stefanelli (dir.); Adina Aaron (Aida); Scott Piper (Radamès); Kate Aldrich (Amneris); Giuseppe Garra (Amonasro); Enrico Giuseppe Lori (Ramfis); Paolo Pecchioli (Il re d’Egitto). Orchestra e Coro della Fundazione Arturo Toscanini. TDK 2 DVD.

Filmada en el pequeño Teatro Giuseppe Verdi de Busseto durante el centenario verdiano de 2001, esta Aida cuenta con un reparto joven y con la propuesta escénica de de un Franco Zeffirelli que se ve obligado a contener su habitual gusto por el exceso escénico como consecuencia de lo reducido del escenario. A priori parece difícil que una Aida de Zeffirelli pueda funcionar en tan pequeño espacio, pero lo cierto es que no sólo lo hace, sino que además el resultado es francamente bueno. No hay agobio escénico y se mantiene intacto el gusto zeffirelliano por el clasicismo visual, de modo que en esta filmación aflora lo mejor del famoso director de cine y teatro minimizándose sus vicios. Es un gusto ver esta Aida suya colorista, excepcional, pero jamás excesiva ni vulgarmente ostentosa.

El gran problema al que se enfrenta Zeffirelli es, con todo, el de la famosa marcha triunfal. Dado el poco espacio disponible, no es factible recrear el desfile de las tropas del victorioso Radamés, y su solución, aunque sin duda bien planteada e ingeniosa, no acaba de producir un resultado completamente satisfactorio. Me explico: en lugar de ver el desfile, Zeffirelli nos hace situarnos tras el balcón o plataforma en la que se ubican el rey, Ramfis, Amneris, etc. Lo que vemos, por tanto, no es el propio desfile, sino al público de espaldas agitando sus brazos en señal de saludo a las tropas. Bien pensado, sin duda. ¿Qué es entonces lo que no funciona? La música queda muy recortada en esta secuencia, hasta el punto de que la marcha triunfal se reduce a su mínima expresión. Quizá Zeffirelli no tenga la culpa de esto y no haya habido injerencia alguna por su parte en el apartado musical, pero no puedo evitar pensar que los cortes en la partitura se han introducido porque él no sabe qué hacer escénicamente y no puede permitirse mostrar a unos personajes de espaldas al público sin hacer nada interesante durante demasiados minutos. La idea del balcón, por tanto, es atractiva, pero no completamente satisfactoria. Pero no le pidamos peras al olmo. Ese escenario es francamente pequeño, y quizá no haya una mejor manera de solventar esa complicada escena.

Salvando este punto controvertido, todo funciona muy bien visualmente. En el segundo DVD se incluye un largo “Making of” de tres cuartos de hora en el que se ve a Zeffirelli trabajando con el reparto e intentando transmitirles su modo de entender Aida. Es curioso verle corregir ademanes y posturas, como cuando pide a Adina Aaron (Aida) que evite mirar modestamente al suelo por ser su personaje una hija de reyes y no una “penitente cristiana”.


Musicalmente, el joven reparto hace lo que puede –contó con la asistencia nada menos que del gran Carlo Bergonzi– y consigue un resultado que podemos calificar como pasable. Desde luego, el nivel es modestito, pero no hay graves meteduras de pata, lo que unido al atractivo visual de este Zeffirelli que tan bien funciona hace que el DVD se vea con agrado. Vayamos por partes. Adina Aaron cuenta con una voz que carece de la densidad y extensión necesarias para su papel de Aida, y sus apuros en la zona baja se hacen evidentes. Pero en contrapartida hay que decir que, teniendo en cuenta que sus medios no son los más idóneos, no se le puede pedir mucho más de lo que hace. Hace cuanto puede y resulta mejor en el “O patria mia” que en el “Ritorna vincitor”. En el plano escénico está espléndida. Visualmente recrea a una Aida joven, bella y profundamente atormentada sin llegar a lo excesivo.


De Scott Piper (Radamés) ya hablé a propósito de su Traviata con Bonfadelli, registrada precisamente en Bussetto un año después. Su principal problema es que su voz, al menos en opinión de quien escribe, no es especialmente bonita ni atractiva en ningún sentido. Pero detrás de lo que vemos hay un trabajo evidente, con independencia de que el resultado no pueda estar a la altura de los grandes. Por ejemplo, evita con buen gusto el habitual portamento en “Celeste AiDA, forma diviNA, etc., ascendiendo limpiamente y sin trucos al agudo.


No me convence mucho la Amneris de Kate Aldrich, de timbre sopranil y con claros cambios de color en el registro, y particularmente en el descenso a un grave justísimo. El Amonasro de Giuseppe Garra cumple, aun con una voz clara que no es gran cosa. Pese a no llegar a oscurecer la voz engolándose, no evita algunos sonidos guturales bastante feos (“Dei faraoni tu sei la schiava”). Los demás, el Ramfis de Enrico Giuseppe Lori y el rey de Paolo Pecchioli, se mueven simplemente en el nivel de lo correcto.


Massimiliano Stefanelli, además de recortar al máximo la marcha triunfal, elimina la “danza degli schiavi mori” de la primera escena del segundo acto (“Chi mai fra gl’inni”). Dirige eficientemente con adecuados pulso e intensidad, aunque muestra inclinación por lo puramente preciosista buscando más el “sonido bonito”, por decirlo de algún modo, que profundizar en la vertiente emocional de la partitura. Esto se advierte claramente en el “Rivedrai le foreste imbalsamate”, abordado con un tempo rápido pero privado de ensueño y fantasía.

El balance, pese a que mis palabras puedan sonar algo desalentadoras, es más positivo que negativo. Visualmente la cosa funciona, y en lo musical el resultado es puramente correcto, sin llegar al estropicio. Yo veo este DVD con agrado.








lunes, 30 de diciembre de 2013

Fidelio (Harnoncourt, 2004) - DVD

Nikolaus Harnoncourt (dir.); Camilla Nylund (Leonore); Jonas Kaufmann (Florestan); Alfred Muff (Pizarro); László Polgár (Rocco); Elizabeth Rae Magnuson (Marzelline); Christoph Strehl (Jaquino); Günther Groissböck (Don Fernando). Coro y Orquesta de la Opernhaus Zürich. TDK DVD

Para despedir el año en el blog vamos a comentar una grabación de altura del Fidelio beethoveniano en DVD: la dirigida por Harnoncourt en la Ópera de Zurich el 15 de febrero de 2004 y editada originariamente en DVD por TDK (ahora reeditada por Arthaus). Es para mí una versión realmente recomendable, con un reparto que con una sola excepción de la que hablaré enseguida se mantiene a un estupendo nivel aun sin integrarse siempre de voces bien conocidas.

Para empezar, hablaré primeramente de todo lo relacionado con la puesta en escena, para pasar después a las cuestiones musicales, que son las que considero más importantes. La escenografía de Rolf Glittenberg (dirección escénica de Jürgen Flimm) se mantiene dentro de los cánones del clasicismo en lo que concierne al vestuario, pero en el diseño del escenario apuesta por la austeridad salpicada de algún toque moderno casi abstracto (la gran viga en el suelo, el cubo transparente al que salen a pasear los presos de Pizarro, la piedra que deben mover Rocco y Leonore y otros detalles). Con ello se consigue un resultado visualmente atractivo en el que lo clásico se presenta de modo moderno y sin resultar, por tanto, apolillado ni acartonado. También puede enfocarse, si se prefiere, desde el punto de vista contrario, y decir que es un montaje moderno que rehúsa abandonar una cierta apariencia de clasicismo. Tanto da.

El vestuario de Marianne Glittenberg está trabajado de tal modo que no busca deslumbrar al espectador, pero sí jugar con su psicología. Jaquino viste colores apagados y su apariencia contrasta con el aspecto más arreglado de Leonore / Fidelio, de modo que como público tenemos más fácil ponernos en la piel de Marzelline y comprender hasta cierto punto sus decisiones amorosas. El malvado Don Pizarro, por su parte, viste por completo de negro (nada menos que un traje de cuero que le hace sudar la gota gorda y parecer una morcilla), mientras que Don Fernando lo hace de modo mucho más vistoso, evidenciando del modo más primario –a través de la vista– la separación entre bien y mal, luz y tinieblas. También Florestán, a pesar de su aspecto pordiosero, viste una chaqueta dorada, vestigio de su pasado brillante y del mundo al que realmente pertenece, aun estando preso. Otro aspecto bien resuelto es el de la iluminación, que resulta algo oscura en una ópera cuya acción discurre en buena medida en calabozos.

En cuanto al reparto, resulta casi íntegramente bueno, comenzando por la notablemente bien resuelta Leonore de Camilla Nylund y por el espléndido Florestan de Jonas Kaufmann. He escrito varias veces por este blog que este tenor alemán provoca en mí sensaciones encontradas, y afortunadamente en esta filmación le encuentro espléndido. En lo que concierne a su habitual vicio de echarse la voz atrás, hay que decir que tampoco aquí su emisión termina de ser la más natural del mundo, pero el defecto (porque para mí se trata de eso, un defecto) resulta más contenido que otras veces. El Florestan de Kaufmann es un ser lleno de vulnerabilidad y sensibilidad –que no sensiblería– y aunque haya quien pueda llevarse las manos a la cabeza por esto, para mí se sitúa a mayor altura que Vickers en la aclamada grabación de Klemperer, en la medida en la que el alemán vocea menos y resulta más rico en musicalidad y matices.

Lo que no funciona es el Pizarro de Alfred Muff, quien además de resultar bastante áspero carece de una voz atractiva en términos de belleza. El personaje, por tanto, queda estropeado. Y no me vale aquí la típica contra-argumentación, tan usada por ejemplo con Scarpia, de que el malo no requiere de una voz bonita, pues ha de repeler al público. Para mí, la brutalidad, la violencia del personaje, es algo que debe saber expresar el cantante a nivel interpretativo (¿no es la ópera una unión de música y teatro?), lo cual en absoluto debe estar reñido con tener una voz que haga honor a la partitura. Quizá no se le pueda pedir a Muff más de lo que hace, pero está para mí lejos de situarse cerca del resto del reparto en materia de calidad vocal.

Sí que está espléndido László Polgár como Rocco, papel que había grabado previamente en estudio con Harnoncourt. Su aria del oro es de los mejores momentos de toda la filmación. En su voz profunda, además de contar con un bellísimo color, no hay un ápice de engolamiento ni ningún vicio vocal que al menos resulte evidente. Polgár fue un cantante sensible por el que siento aprecio, y que resulta especialmente adecuado en este tipo de repertorio. En el italiano quizá no le vea tan satisfactorio, aunque realmente me cuesta expresar la razón (¿será quizá una ausencia de eso que algunos llaman “italianidad”?). Sea como fuere, es un espléndido Rocco por parte de un notable bajo que se nos fue demasiado pronto.


Cerrando el reparto, la pareja Marzelline-Jaquino, encarnada aquí por Elizabeth Rae Magnuson y Christoph Strehl mantiene el buen nivel medio del reparto. Ella defiende sin problemas su parte y compagina adecuadamente la mezcla de desdén que siente su papel hacia Jaquino con un adecuado toque de picardía y candidez. Él no tiene una gran voz de tenor, pero hace su parte sin dificultad. Correcto, por último, el Don Fernando de Günther Groissböck.

En cuanto a la orquesta, Nikolaus Harnoncourt dirige aquí con su habitual rusticidad y a veces con una clara tendencia a los tempi rápidos heredera de su formación historicista, por mucho que la orquesta no se componga de instrumentos originales. Este Beethoven de Harnoncourt está algo despojado del “peso” que la tradición germánica impone tradicionalmente a la orquesta, pero es sin embargo incuestionablemente brioso y está lleno de personalidad. Siempre he considerado que Harnoncourt es un director con el que hay que tener cuidado, pues en mi opinión es extremadamente desigual: es capaz de hacer cosas de un gran nivel y seguidamente otras sobre las que es mejor pasar de largo. Pero Fidelio funciona bien bajo la dirección de este hombre.

En conclusión, puesta en escena efectiva y bastante buen nivel musical, salvo en lo que concierne al personaje de Pizarro. Recomendable.










viernes, 20 de diciembre de 2013

Madama Butterfly (Reggioli, 2013) – DVD

Giovanni Reggioli (dir.); Hiromi Omura (Cio-Cio-San); James Egglestone (Pinkerton); Sian Pendry (Suzuki); Barry Ryan (Sharpless); Graeme Macfarlane (Goro); Samuel Dundas (Yamadori); Jud Arthur (Bonzo), Nicole Car (Kate). Opera Australia Chorus. Orchestra Victoria. OPERA AUSTRALIA DVD.

Hace apenas unos meses que el sello OPERA AUSTRALIA ha lanzado al mercado este DVD de Madama Butterfly, compuesto a partir de unas representaciones del 26 y 29 de noviembre del pasado año en el Arts Centre Melbourne que se emitieron en cines. Como me hallo inmerso en la tarea de realizar una discografía comparada de esta ópera y es imposible disponer de todas las grabaciones existentes, decidí en principio prescindir de esta filmación a la espera de leer críticas que pudiesen ser lo suficientemente buenas como para empujarme a hacerme con él. A fin de cuentas desconocía a los cantantes, por lo que no tenía la menor idea de si el resultado podía ser espléndido o catastrófico. Pero al final la curiosidad me ha podido, y una vez visto, creo que aunque el nivel musical no es comparable al de otras filmaciones, el conjunto tiene indudable encanto, y sobre todo, tenemos a una buena protagonista y a una puesta en escena que me ha gustado mucho.

Aunque hay producciones escénicas más espectaculares y hermosas a la vista, esta de Peter England y Russel Cohen es probablemente la que más se acerca a lo que, para mí, sería un montaje ideal de esta ópera. Para empezar, es una propuesta a la que podemos clasificar sin miedo como “clásica”, en la que no hay ningún ánimo transgresor, y que cuenta con el gran mérito de parecer muy moderna visualmente. No hay aquí nada de acartonado ni de pretencioso, y de hecho, todo es de un minimalismo que invita al intimismo y al recogimiento. Según dicen los directores en el librito que se adjunta al DVD, hay varias influencias importantes en su trabajo.

De un lado, el teatro nō. No conozco esta forma tradicional del teatro japonés, pero según se nos hace saber, la disposición del escenario se inspira en él. Se trata de una tarima situada sobre una especie de estanque, lo cual reduce el espacio por el que deben moverse los cantantes. De fondo hay unos grandes paneles deslizantes sobre los que, una vez cerrados, se realizan proyecciones, como el bellísimo cielo estrellado al que alude la pareja protagonista durante el dúo de amor que cierra el primer acto.

Por otro lado tenemos una influencia del kabuki, variedad teatral cuyo nombre es al menos más popular para el occidental, en los movimientos estilizados y hasta cierto punto antinaturales de los personajes japoneses. Como es sabido, los montajes de Robert Wilson están muy influenciados por este tipo de teatro japonés, aunque difícilmente puede hablarse aquí de imitación, pues la estética de esta producción en nada se parece a la de la Butterfly de Wilson (de la que por cierto hablaré muy pronto por este blog). Hay aquí además un aspecto interesante: los personajes occidentales (Pinkerton, Sharpless, Kate) deambulan con perfecta naturalidad por el escenario en oposición a los orientales, lo que en cierto modo rompe la coherencia escénica. Lo que se nos quiere transmitir es una imagen estilizada, ilusoria e irreal del mundo oriental como un lugar maravilloso y enigmático, tal y como Pinkerton podía percibirlo.

Por último, un tercer punto de influencia lo constituye precisamente el gusto por lo exótico tan de moda durante buena parte del siglo XIX. Como digo arriba, todo lo japonés se enfoca con cierta magia y exotismo, con un punto de irrealidad que nos hace situarnos mentalmente más en el plano de los personajes occidentales que en el de los orientales. Y eso, en mi opinión, encaja espléndidamente bien con un libreto que busca exactamente lo mismo, pues desde el comienzo obliga al espectador a ser consciente de que el amor de Pinkerton hacia Butterfly no es más que un capricho pasajero, y que por tanto todas las esperanzas de ella en que su marido regrese a buscarla no son más que una burbuja que estallará inevitablemente. Los directores dicen haberse inspirado en este punto en pinturas de James Whistler, que muestran a mujeres occidentales en quimono.

Lo que nos encontramos, por tanto, es con un montaje minimalista pensado para que nos posicionemos un poco en el lugar de Pinkerton y nos sorprendamos ante el descubrimiento de un mundo diferente al nuestro. El resultado, en mi opinión, es espléndido, y otro punto destacable es el respeto por los aspectos japoneses del libreto, que se muestra de manera clara en dos momentos concretos:

1. Boda: Durante la escena del enlace entre Butterfly y Pinkerton, se nos muestra cómo cada uno de ellos se acerca tres veces a lo boca un recipiente para beber de su contenido, hasta el punto de que la orquesta debe ralentizar un poco el tempo. En una boda sintoísta, los contrayentes deben beber el o-miki (sake), que se distribuye en tres platos diferentes. Cada uno de los novios ha de acercarse cada plato a la boca por tres veces, bebiendo únicamente la tercera, lo que se traduce en nueve tragos aparentes y sólo tres verdaderos.

Quizá la presencia de una soprano japonesa como Hiromi Omura en el papel principal haya servido de ayuda a los directores escénicos para cuidar estos rasgos orientales de la historia, o quizá simplemente ellos se hayan preocupado por acercarse, aunque sea un poco, a lo que es una boda sintoísta dentro de lo que permiten la música y el libreto. El caso es que, lógicamente, la mayoría del público occidental no debe saber muy bien cómo es una ceremonia de este tipo, y por tanto, mucha gente interpretará esos tres sorbos simplemente como algo inventado por el director escénico. En mi opinión, hacer las cosas bien aun sabiendo que van a pasar desapercibidas es signo de trabajo serio, y merece elogiarse. 

2. Jigai. La muerte de Butterfly constituye un momento que suele representarse mal en escena y que aquí se resuelve de manera bastante satisfactoria. Las más de las veces la soprano se limita a clavarse un cuchillo en el pecho, pero lo cierto es que cuando leemos el libreto se advierte con claridad que sus autores trataron de transmitir la idea de que la protagonista se practica el jigai, es decir, la variante femenina del seppuku (parece que a los japoneses no les gusta la palabra harakiri). A diferencia de lo que ocurre con el varón, la mujer que se mata de este modo se ata antes las piernas para evitar que queden vulgarmente abiertas tras los últimos espasmos, y el corte, en lugar de realizarse en el estómago, se lleva a cabo en el cuello. Sobre este aspecto, tan sombrío como curioso, escribí una entrada completa aquí.

Antes de cerrar el apartado de los elogios a la puesta en escena y abrir el de las críticas, que aunque pequeñas las hay, quiero hacer referencia a algo que ocurre justamente en la escena del suicidio de Butterfly. En ese momento final, la protagonista toma una cruz y una pequeña bandera estadounidense que decoraban su casa y las arroja al agua. Aunque el libreto no nos informa de si Butterfly muere o no considerándose todavía una mujer occidental, aquí se nos transmite la idea de que en el plano mental ella regresa a su mundo japonés tras mostrarse como falso a sus ojos todo cuanto Pinkerton encarna. Ponnelle, en su película, tiene la misma idea, haciéndola rezar en su momento final no ante una imagen de Jesús, sino ante un altar budista. Para mí, esta decisión no encuentra un sustento directo en el libreto, pero sí es una buena interpretación de aquello sobre lo que precisamente guarda silencio. A fin de cuentas, el cristianismo desaprueba el suicidio, que en cambio, para la cultura tradicional japonesa ha sido una forma recomendable para poner un honorable punto final a una vida que no puede seguir llevándose sin honor. Resulta casi obvio, por tanto, que en los últimos instantes de Butterfly hay un alejamiento de la doctrina cristiana y un acercamiento a la incompatible concepción japonesa de la muerte honrosa y auto-provocada. El desdén final hacia lo occidental no viene, por tanto, expresamente en libreto, pero es una interpretación de cierta lógica.

Este obvio afán por recrear con cierta corrección los rasgos japoneses de la historia es la guinda que corona un pastel ya de por sí suculento. Hay algunas cosas, empero, que podrían haberse cuidado más, como la aparición de los ottoké como figurillas, cosa que no son por mucho que Pinkerton las describa de ese modo (más información, para quien la quiera, aquí). Lo más insatisfactorio es que se cae aquí en la “trampa del obi”. En el segundo acto, Butterfly pide a Suzuki que le traiga su obi nupcial, es decir, el largo cinturón de tela que se ata a la espalda, sujetando el quimono a la cintura. En muchas producciones, sin embargo, Suzuki trae una prenda que no es un obi, como un velo de novia o precisamente un quimono. Aquí, por desgracia, también ocurre, aunque me niego a aceptar que se trate de una cuestión de ignorancia. Es impensable que Hiromi Omura no sepa lo que es un obi, y se hace raro pensar que tampoco lo sepan unos directores escénicos que sí parecen saber lo que es la ceremonia nupcial del San-San-Kudo, como decía arriba. Creo, por tanto, que más bien se prescinde intencionadamente del obi porque sería poco factible cambiárselo en escena a la protagonista. Atar un obi no es tarea sencilla que se despache en segundos, y la única solución que veo realmente factible sería la de acudir a uno falso que se enganchase o abrochase con alguna cremallera o abotonadura, del mismo modo que existen las corbatas de elástico. Creo que con eso se solventaría mejor el problema, y sobre todo, no se jugaría contando de antemano con la ignorancia del público.

Otro aspecto no bien resuelto, y que esta vez sí que tiene fácil solución, es el hecho de que el hijo de Butterfly y Pinkerton tenga el cabello negro y no rubio, lo que obliga al intérprete de Sharpless a modificar su frase “I bei capelli biondi” por “capelli bruni”. No creo que cueste tanto encontrar a un niño rubio o incluso castaño, sobre todo teniendo en cuenta que no tiene por qué tener rasgos asiáticos. Es también hijo de Pinkerton, y en esta producción, personajes japoneses como Suzuki, Goro o Yamadori están interpretados por occidentales.

Sea como fuere, las cosas que no funcionan o que resultan mejorables tienen un carácter más o menos anecdótico frente a las virtudes de esta producción tan rica en contrastes: clásica y moderna, austera y colorista, teatral y creíble. Personalmente, me gusta mucho.

En el ámbito musical, me temo que no hay tantas cosas de las que hablar, y mucho menos con pasión. Pero sí que tenemos lo más importante, que es una buena Butterfly en la persona de Hiromi Omura, poseedora de una voz rica en squillo a lo largo de todo el registro, cuyo único punto flaco es la zona grave. Lo cierto es que compone a una Cio-Cio-San más próxima a la mujer que a la niña, aunque no de forma tan marcada como Tebaldi, sino más bien en el punto intermedio de, por ejemplo, Cedolins. Busca ser contenida en la expresión, de un lado evitando ser fría, y del otro, huyendo de mostrar una imagen excesivamente lacrimógena. Se maneja con el italiano mejor que sus compañeros de reparto en general, y en este sentido, el apartado de lo negativo lo constituiría una breve equivocación en las palabras “Amore mio” que abren paso a su boda con Pinkerton y que bien podrían haberse editado a la hora de componer el DVD.

El Pinkerton de James Egglestone es mediocre por más de dos y de tres razones graves. Para empezar, está permanentemente lastrado por una muy penosa dicción italiana y por una casi completa falta de sintonía con el texto. Ignoro cuáles son los conocimientos de este tenor sobre esta bellísima lengua, pero el resultado es tremendamente plano y pobrísimo en expresión, como si cantase más atendiendo al contexto argumental de la escena que a las palabras exactas del libreto. Además, muestra incomodidad siguiendo a Omura y a la orquesta en el dúo de amor del primer acto, especialmente hacia el final. Francamente, creo que con su voz, aun sin ser un prodigio de belleza, se puede hacer mucho mejor. En realidad, creo que todas las taras de este Pinkerton se reducen a una cuestión de base: falta de estudio. Estudio de la lengua italiana, de la dicción, del sentido exacto de cada una de las palabras que se cantan y de su adecuación a la partitura, para así entenderla. Es en mi opinión algo básico, como los cimientos de una casa, que si no son sólidos impiden construir algo estable. No solamente no funciona el Pinkerton de este hombre, sino que se me hace incluso difícil creer que pueda funcionar de esta manera en nada de la ópera italiana. Para colmo, el pobre da un resbalón al salir a saludar al término de la función y por poco no acaba en el suelo.

Tampoco los secundarios tienen bien nivel en general, por lo que Omura se encuentra prácticamente sola en el reparto en lo que a calidad vocal se refiere. Sian Pendry es una Suzuki meramente correcta, mientras que Graeme Macfarlane es una verdadera calamidad en su papel de Goro. Tosquísimo y hasta con un desagradable punto ronco, no se explica su presencia sobre un escenario. Mucho mejor es el Sharpless de Barry Ryan, que aun sin tener una dicción perfecta y adoleciendo de excesiva brusquedad en su enfrentamiento con Butterfly tras la escena de la carta, resulta el más sólido de los secundarios.

Jud Arthur arruina su breve aparición como bonzo con su mala dicción. Entra pintado de rojo como si de un demonio se tratase, y aunque con ello se rompe la credibilidad visual del momento, el resultado está espléndidamente bien logrado a nivel escénico. Por último Samuel Dundas es un Yamadori tan tremendamente engolado que la voz podría salirle por la nuca si tal cosa fuese posible.

No se salvan de la mediocridad musical general ni el director ni la orquesta. Giovanni Reggioli abre el acto primero con bastante brusquedad y brocha gorda, y bien podría haber trabajado más el empaste de la orquesta, que más de una vez resulta cuestionable. Se une a la tradición de los directores que en el primer acto recortan brevemente el coro de parientes de Butterfly previo al “O amico fortunato”. En realidad, al margen incluso de que la suya no sea una lectura especialmente rica ni vibrante de la partitura de Puccini, tampoco la orquesta parece estar en condiciones de ofrecer muchas posibilidades. El sonido es a veces inadecuadamente insuficiente, casi camerístico, producto de una orquesta que no es gran cosa bajo una batuta que tampoco lo es.

En conclusión, el DVD contiene una puesta en escena en general muy bien pensada que en lo personal se corresponde bastante con lo que yo exigiría como ideal. En el plano musical, Omura hace un trabajo interesante en el complicado papel principal, mientras que casi todo los demás carece aquí de interés. Por lo tanto, a la hora de recomendar este DVD o de desaconsejarlo, es preciso hacer balance. A mí me gusta por la puesta en escena y porque musicalmente se consigue (y sólo esto) ofrecer lo más importante, que es una buena Butterfly. Pero si el lector de esta entrada prefiere ante todo tener un reparto potente y de calidad uniforme, entonces esta no es su versión. 

Por último, debo decir que OPERA AUSTRALIA distribuye para el ámbito anglosajón (DVD región 1) otra filmación anterior de la misma producción con Cheryl Baker como protagonista y Patrick Summers a la batuta. Quedo a la espera de una reedición en región 2 ó 0, aunque a la vista del lanzamiento de esta versión con la misma puesta en escena, dudo que vaya a editarse por estos lares.



sábado, 30 de noviembre de 2013

Die Zauberflöte (Östman, 1989) – DVD

Arnold Östman (dir.); Stephan Dahlberg (Tamino); Ann Christine Biel (Pamina); László Polgár (Sarastro); Birgit Louise Frandsen (Reina de la Noche); Mikael Samuelson (Papageno); Birgitta Larsson (Papagena); Magnus Khyle (Monostatos), Petteri Salomaa (Orador); Anita Soldh / Linnéa Sallay / Inger Blom (Tres Damas); Elisabeth Berg / Ann Christine Larsson / Anna Tomson (Tres muchachos). Coro y Orquesta del Teatro de la Corte de Drottningholm. ARTHAUS DVD.

Ya he escrito un par de veces en este blog acerca del Mozart de Arnold Östman. El DVD que comento hoy es probablemente mi filmación favorita de las que registró en el Teatro de la Corte de Drottningholm entre los años ochenta y primeros noventa del pasado siglo.

Östman fue un pionero en llevar los instrumentos originales a las óperas de Mozart, y lo hizo en un teatro de la época del compositor que se mantiene intacto tal y como era en el siglo XVIII, con todos sus mecanismos de tramoya originales. Lo cierto es que globalmente Östman me parece un director bastante irregular. En líneas generales adolece de dirigir de forma un tanto mecánica y plana, y desde luego su punto flaco lo constituyen los fragmentos en los que debe expresar con su orquesta un especial patetismo o intensidad dramática. Como virtudes, que las tiene, su Mozart es luminoso y vivaz, y especialmente en lo que concierne a la ópera cómica sabe dirigir con pulso y sentido del humor. La orquesta, además, es de calidad, aunque la acidez de la cuerda es probablemente incluso superior a la de la Academy of Ancient Music de Hogwood. Manténgase lejos aquellos a los que les disguste esto.

Mi impresión es la de que Östman es un director poco uniforme. Sabe recrearse en la belleza sonora y mostrarse chispeante cuando es necesario, tirando siempre de tempi tan acelerados que incluso a los más historicistas de hoy podrían llegar a rechinarles. En contrapartida, y por expresarlo de manera sencilla, es poco comunicativo a nivel emocional. O a mí me lo parece. 

En esta Flauta mágica, registrada unos años antes que su grabación en estudio con diferente reparto, el controvertido director está en general en estado de gracia. De hecho, esta ópera es sin duda de las que mejor han sonado bajo su batuta. Utiliza, como es de esperar, tempi rapidísimos, especialmente en las dos arias de la Reina de la Noche. Durante la primera sección de O zittre nicht la orquesta suena plana, sin transmitir en absoluto el patetismo que requiere la presentación de la mentirosa Reina ante Tamino. Esta escena es para mí claramente la más endeble orquestalmente de una lectura que en términos generales es muy disfrutable. Eso sí, sigo pensando que es una chorrada importante eso de ponerle casaca y peluca a los miembros de la orquesta. Cuando uno los ve en la obertura es inevitable pensar que estamos ante uno de esos espectáculos mozartianos para turistas que se hacen en Centroeuropa con vestidos de época, impresión que no hace justicia a lo que es la función en sí misma.

En cuanto a la puesta en escena de Göran Järvefelt, hay que decir que todo lo que vemos era posible en la fecha de la composición de la obra. El espacio escénico es muy reducido (es un teatro de pequeñas dimensiones) y lo vistoso no se consigue mediante decorados ampulosos, sino a través de los curiosos efectos de tramoya y cambios de decorados. Cada vez que se cambian los paneles se escucha ruido, pero hay que pensar que así eran las representaciones de ópera con las que Mozart estaba familiarizado, y lo cierto es que la cosa tiene en general mucha gracia. He aquí un vídeo que recuerdo haber puesto ya en otra entrada de este blog y que ilustra muy bien lo que ofrece visualmente este teatro:



La dirección escénica, a pesar de las obvias limitaciones de espacio, consigue momentos muy conseguidos en los números de conjunto, con frecuentes gestos de los cantantes ad spectatores, que en nuestro caso están dirigidos a la cámara. 

En suma, tenemos aquí a una Flauta mágica idónea para aquellos que tengan curiosidad por ver cómo se hacía escénicamente una ópera en el tiempo de Mozart, y con un director de orquesta que aun teniendo una trayectoria irregular, nos da aquí probablemente la mejor versión de sí mismo.

En cuanto al reparto, como ocurre habitualmente con estas grabaciones de Drottningholm, este se nutre principalmente de cantantes suecos jóvenes y nada conocidos, que sin embargo cuadran bien con sus papeles. Stephan Dahlberg, que canta el Tamino, no posee la voz de tenor más cálida ni la más agradable al oído, pero consigue hacer de príncipe iniciado con mucha dignidad. Digamos que defiende con solvencia su parte, aun sin ser el Tamino ideal. Ann Christine Biel, por su parte, canta una Pamina que gustará más a los que estén familiarizados con las voces que se escuchan hoy frecuentemente en las grabaciones historicistas de las óperas del barroco que a aquellos otros que prefieran la tradición de un Mozart más “romantizado”. Dicho de otro modo, canta sin un ápice de vibrato, aunque en general no se le pueden poner demasiadas pegas a su intervención, más allá de una cierta y también relativa frialdad.

El punto fuerte del reparto es para mí el magistral Sarastro de László Polgár. Afirmo sin rubor alguno que está a la altura de lo mejor de la discografía, tanto por la calidad indiscutible del material vocal como por la credibilidad interpretativa del complicado personaje al que defiende. Su voz de bajo muestra aquí un timbre bellísimo y uniforme, sin entubamientos ni cambios de color en los terriblemente exigentes descensos al grave que exige el papel. Además, es el suyo un Sarastro humanísimo, muy lejos de aquellos otros intérpretes que conciben al sabio sacerdote como si fuera una especie de autómata inexpresivo. Lo dicho: un Sarastro redondo, que ya de por sí justifica el visionado de esta película. La lástima es que Östman no contara con Polgár para la posterior grabación en estudio. Es perfecto.

No puedo decir lo mismo, en cambio, de la Reina de la Noche de una apuradísima Birgit Louise Frandsen. Al margen de que la voz no da para mucho en un papel que exige cierta habilidad para la coloratura, debe plegarse a los aceleradísimos tempi de Östman en Der Hölle Rache, sin que el resultado sea convincente. Eso sí, todas esas prisas de la orquesta sirven para que los famosísimos fragmentos de coloratura de esa aria se asemejen a una especie de risa histérica y demoníaca. ¿Tenía Mozart esa intención al escribir? Tal vez. Desde luego es curioso. En el O zittre nicht, en cambio, el director ralentiza bastante toda la sección final si la comparamos con su propio registro en estudio (este último con Sumi Jo como Reina), sin duda para facilitar el trabajo de una cantante que aun así parece dar la impresión de verse sometida a todo un reto. Le doy el aprobado y nada más.

Mikael Samuelson tiene una voz fea, aunque desde el punto de vista visual es un Papageno idóneo, al que acompaña la histriónica Papagena de Birgitta Larsson. En cuanto a Monostatos, Magnus Khyle lo canta con una modesta voz a la que a veces incluso tapa la exigua orquesta. Sí que es muy bueno el Orador de Petteri Salomaa, y de hecho, creo que su escena con Tamino en el primer acto es uno de los puntos fuertes de toda la filmación. También funcionan espléndidamente las Damas y los Muchachos. Estos últimos pocas veces pueden resultar más encantadores que aquí.

Para cerrar la entrada, hay que decir que la calidad de imagen es modesta, más o menos como la de un VHS, aunque se ve bien. Precisamente creo que esta apariencia “antigua” da algo de encanto a la filmación.

Resumiendo, estamos ante un espectáculo que vocalmente ofrece un nivel medio –con excepción del sobresaliente Sarastro de Polgár– que resulta válido para producir un resultado disfrutable. Complementado el reparto con la eficaz dirección de la orquesta historicista y con lo curioso que resulta todo visualmente, el conjunto queda francamente muy bien. A mí me encanta esta Flauta.

sábado, 9 de noviembre de 2013

Madama Butterfly (De Fabritiis, 1954) – DVD

Oliviero de Fabritiis (dir.); Orietta Moscucci / Kaoru Yachigusa (Cio-Cio-San); Giuseppe Campora / Nicola Filacuridi (Pinkerton); Anna Maria Canali / Michiko Tanaka (Suzuki); Ferdinando Lindonni (Sharpless); Paolo Carloni / Kiyoshi Takagi (Goro); Adelio Zagonara / Tetsu (Satoshi) Nakamura (Yamadori); Plinio Clabassi / Yoshio Kosugi (Bonzo); Josephine Corry (Kate). Coro e Ochestra del Teatro dell’Opera de Roma. CLASSICMEDIA DVD.

Hasta ahora, en mi ya amplio repaso discográfico de la ópera Madama Butterfly, he comentado con amplitud dos versiones fílmicas grabadas como si de películas de cine se tratase: las filmaciones de Jean-Pierre Ponnelle (aquí) y de Frédéric Mitterrand (aquí). Ambas muestran enfoques muy distintos a la hora de mostrar visualmente la historia de la joven japonesa abandonada, y otro tanto ocurre con la película que me dispongo a comentar hoy. Una obra de Carmine Gallone, lo adelanto ya, bastante desconocida y no exenta de ciertos aspectos curiosos.

Se trata de una producción italiano-japonesa de 1954 a cargo de un director, Gallone, que produjo a lo largo de su carrera otras películas de óperas (Tosca, Manon Lescaut, Il trovatore...) y cine de temática musical (películas sobre Puccini y Mozart) entre otros géneros que nada tienen que ver. Se filmó en los estudios de Cinecittà con fotografía en blanco y negro de Claude Renoir, aunque en algún momento debió de colorearse, pues la filmación puede verse al completo –y a color– en youtube merced a un alma caritativa. He aquí el vídeo:



Sea como fuere, tan sólo existe una edición en DVD (o al menos yo solo he localizado una) y afortunadamente es española y de fácil localización en centros comerciales y tiendas de películas. Contiene la versión en blanco y negro, por lo que la opción de verla a color queda desterrada al ámbito de youtube mientras se mantenga el citado vídeo y no se edite una nueva edición en el mercado. A nivel personal, tan sólo he visto el DVD y no he sentido la necesidad de hacer una comparativa con la versión coloreada. Me agrada el blanco y negro.

Lo que resulta muy difícil de asimilar en esta película, tan olvidada, es el enfoque con el que Gallone busca filmar la ópera. Cuesta entender realmente qué es lo que quiere hacer el director. ¿Quiere filmar Butterfly a la manera a la que después lo harían Ponnelle y Mitterrand? Definitivamente no, al menos por tres motivos:

1. Prólogo

La película se abre con una especie de prólogo o introducción antes de que empiece la música en el que vemos aquello que ha sucedido antes de que la historia, tal y como la conocemos, comience. La intención del director no es, por tanto, la de ceñirse exclusivamente a la historia tal y como aparece recogida en el libreto de la ópera, sino que va más allá. En realidad, la filmación puede dividirse claramente en dos partes: este prólogo o introducción de más de diez minutos que funciona exactamente como una película normal, y luego la ópera en sí misma, con los actores haciendo playback. El tránsito entre la interpretación al uso, con un guión, y el canto después no acaba de ser del todo pacífico y el resultado es quizá un poco extraño. 

Durante los primeros diez minutos, la voz de un narrador nos cuenta ciertos aspectos sobre el mundo de las geishas para poner al público en posición de entender quién es el personaje protagonista de la ópera y cuál es su pasado. Lo cierto es que tras leer a Mineko Iwasaki hay que concluir que parte de lo que cuenta esa voz en off es erróneo, concretamente en lo que atañe a la distinción entre las jóvenes maiko y las geiko. La condición de geiko no es retratada como lo que es, es decir, como la progresión natural de la maiko tras el erikae o ceremonia del “cambio de cuello”, sino que se nos dice que estas mujeres eran personas tristes casadas y quizá repudiadas por sus maridos. En su día dediqué una entrada en este blog específicamente para este tema, a la que puede dirigirse el lector interesado en clarificar las ideas. Sólo hay que hacer click aquí.

Con todo, los aspectos más japoneses de la historia están bien cuidados, como es lógico tratándose de una producción parcialmente nipona. Una muestra clara de ello es tocado Tsunokakushi que luce la protagonista sobre su cabeza en la escena de la boda. Sobre ese “sombrero” y el vestuario en general de Madama Butterfly escribí también aquí.


Bien. Dejando al margen lo que nos dice la voz del narrador, lo que nos muestra el prólogo es el modo en el que Butterfly y Pinkerton se conocen. Este último, acompañado de otro marinero no identificado, acude una noche a un ochaya, es decir, un establecimiento en el que trabajan las geishas (nosotros solemos traducirlo de forma no del todo correcta como “salón de té”). Durante el ozashiki (el banquete, la fiesta) varias geishas bailan, y Pinkerton se fija especialmente en Cio-Cio-San, cuya belleza capta especialmente su atención. Mientras tanto, el rico Yamadori, retratado aquí como un “viejo comerciante” (en versión original, “vecchio mercante”) arriba también al ochaya y pregunta por Butterfly, cuya compañía desea también. Sin embargo, la joven no acude al ozashiki de Yamadori, pues a pesar de la dificultad lingüística para comunicarse, la atracción que Pinkerton siente hacia ella es recíproca.

Hay que reconocer que aun siendo prescindible este prólogo inventado por Gallone, hay en él algo de ingenioso en lo que concierne al personaje de Yamadori. En el libreto de la ópera queda sin resolver para el público el enigma de cómo él ha conocido a Butterfly, y la solución que se plantea en la película, aun siendo pura especulación al margen del texto de Illica y Giacosa, resulta a mi entender muy aceptable. El propio libreto retrata a Yamadori como a un hombre algo mujeriego, y no es descabellado en absoluto, puestos a imaginar, visualizarle gastando grandes sumas en ozashiki para rodearse de hermosas jóvenes bien educadas e instruidas en las artes tradicionales de Japón. La compañía de estas no debía resultarle precisamente desagradable a Yamadori. Eran precisamente los hombres adinerados como él los que antes hacían posible el mantenimiento del mundo de las geishas, y muchos encontraban entre ellas a sus esposas ideales. Puestos a reconstruir, pues, lo que no sabemos de la historia de Madama Butterfly, tiene sentido afirmar que la pasión que Yamadori siente hacia la protagonista no nace tras el regreso de Pinkerton a EE.UU., sino mucho tiempo atrás, en la época en la que ella trabajaba.

A todo, esto, y aunque sea algo puramente anecdótico, en el doblaje al castellano se pronuncia mal el nombre de Yamadori, aun siendo tarea harto sencilla. Se dice erróneamente “Chiamadore” (o “Kiamadore”, si se quiere).

Dejando al margen la cuestión de este “prólogo” hay otra escena que Gallone se saca por completo de la manga. En el tránsito de los actos primero a segundo nos muestra cómo Pinkerton abandona la casa de Butterfly para embarcarse para América, y cómo la protagonista se despide de él muy afectada. 

Queda claro, por tanto, que la idea de hacer una película de Madama Butterfly ciñéndose a las cosas tal y como se presentan en el libreto de la ópera estaba lejos de la mente de Gallone al filmar.

2. Actores

He aquí otro aspecto llamativo de la película, que quizá suscite reservas a más de uno. La selección de cantantes/actores es un aspecto problemático a la hora de hacer una película de esta ópera, dado que buena parte del reparto es japonés. Las opciones son tres:

- Opción 1: Recurrir a cantantes para filmar, sin tener en cuenta su raza, y caracterizarlos en la película para que tengan un aspecto lo más japonés posible. Es una apuesta arriesgada que difícilmente puede ofrecer un resultado creíble desde el punto de vista visual. Esta opción es la que vemos en la película de Ponnelle, en la que Mirella Freni es Butterfly y Christa Ludwig Suzuki.

- Opción 2: Encomendar la tarea a cantantes asiáticos. Eso ofrece un resultado más convincente a la vista, aunque implica el problema de que supone reducir considerablemente las posibilidades de elección del reparto. Para los papeles japoneses quedan descartados automáticamente todos los cantantes de rasgos no orientales por brillantes que sean. La película de Mitterrand es ejemplo de esta opción.

- Opción 3: Separar por completo lo que oímos y lo que vemos, es decir, utilizar a los cantantes en el audio y mostrar en la pantalla a actores haciendo playback con las voces de aquéllos. Eso permite ahorrar complicaciones a la hora de seleccionar las voces, aunque al coste de privarnos ver a los propios cantantes actuando. Es esta la elección de Gallone.

Las personas que vemos en esta película, no son por tanto, las que cantan, sino actores haciendo playback. Personalmente me gusta poder ver a los cantantes, pues la ópera implica necesariamente teatro y actuación, pero tratándose de una película, que no es una representación teatral filmada, la opción de Gallone no me parece necesariamente mala. Es más, incluso tiene sus cosas buenas. La más elemental es que esto permite que cada personaje tenga el físico exactamente adecuado para el papel, algo que resulta a veces difícil cuando se trata de utilizar a los propios cantantes –aun orientales– como actores. Tener los ojos rasgados no significa necesariamente convencer como Butterfly visualmente. Y queda bien claro que la elección de actores es aquí cuidadosa, pues todos tienen una apariencia física que mentalmente puedo conectar con los personajes que interpretan. Además, incluso para los actores de cine debe ser tarea complicada una actuación mantenida únicamente a base de gestos y playback (en realidad, un trabajo de cine mudo) sin acudir a la voz. A decir verdad, hasta los propios cantantes que intervienen en la grabación de audio tendrían que hacer playback con sus propias voces de aparecer en la película, y lo harían con un físico quizá no tan ajustado a los personajes.

Puede chocar esta decisión de Gallone, pero tiene su lado bueno.

3. Cortes en la partitura

Sin duda, este es el principal y más grave punto flaco de la filmación. La genial partitura de Puccini, y de manera especial el primer acto, es manipulada y recortada sin piedad. Hay que preguntarse por qué. ¿Se quería quizá evitar una película demasiado larga? Pero aun en ese caso, ¿qué sentido tiene meterle la tijera a la partitura y añadir en cambio ese prólogo de más de diez minutos? Lo triste es que muchos de esos cortes recaen en momentos bien de especial belleza musical, bien de gran trascendencia argumental, aunque a esta cuestión me referiré más ampliamente cuando escriba, más abajo, sobre el trabajo de Oliviero de Fabritiis al frente de la orquesta. En suma, decisión de todo punto lamentable, en mi opinión, que empequeñece notablemente a esta película. 

Una vez terminada mi larga reflexión sobre el trabajo de Gallone con esta Butterfly, debo volver a la pregunta inicial. ¿Qué es exactamente lo que quería filmar?; ¿Cuál es la intención de esta película? A mí me desconcierta no encontrar respuesta a estas preguntas: Gallone no quiere hacer una filmación de la ópera tal cual es, pues añade aspectos del argumento inexistentes en el libreto y amputa continuamente la partitura. Por otra parte, incluye un prólogo que hace pensar incluso que no se va a utilizar la música de Puccini, sino que lo que nos disponemos a ver va a ser la conversión de la historia de la ópera en una película al uso, no musical. Pero no. Eso se acaba a los diez minutos y da paso a la citada versión manipulada de la ópera. Francamente, como filmación es desconcertante.

Con todo, una cosa al menos hay que reconocerle a Gallone. Aunque algunas escenas, principalmente las de exterior, tan de cartón piedra, han envejecido mal, la película refleja en general bastante bien la atmósfera intimista que demanda el libreto. A título puramente personal, me parece especialmente lograda la irrupción del bonzo en el primer acto y la dispersión de los parientes de Butterfly. No es que el hecho en sí se nos presente en absoluto de forma especialmente violenta en lo visual, pero esa masa humana de amigos y familiares agitándose de indignación y huyendo mientras el bonzo aleja consigo a la madre de la infeliz protagonista se me hace especialmente devastadora.

Pasemos ahora a hablar de los personajes. Lo haré separando, naturalmente, al cantante cuya voz escuchamos y al actor al que vemos. Orietta Moscucci canta una Butterfly decente, aunque lejos del nivel que alcanzaban contemporáneas como Callas, Tebaldi o De los Ángeles, o del de posteriores intérpretes destacadas como Scotto o Freni. Su principal lastre, al menos en opinión de quien escribe, es el infantilismo exageradamente dulzón y almibarado que se observa sobre todo en el primer acto. Aunque Moscucci cumple su labor con dignidad, es la suya una Butterfly bastante “blandita” que en absoluto explota la faceta trágica del personaje en comparación con sus destacadas contemporáneas. A quien vemos en la pantalla no es, en cualquier caso, a Moscucci, sino a una Kaoru Yachigusa cuyo trabajo interpretativo sólo puedo describir como extraordinario. Para empezar, y prescindiendo incluso de su faceta actoral, ya el físico es por completo idóneo para el papel. En el televisor vemos a una muchacha menuda de estatura, delgada, de aspecto frágil y de bellísimos rasgos. Vestida con quimono y con el cabello arreglado a la manera tradicional, parece no solamente la imagen arquetípica que una joven japonesa, sino que realmente se presenta como salida de una estampa. No es solo que su atuendo refuerce su exotismo oriental, sino que lo que vemos es a una chica japonesa por los cuatro costados a la que en absoluto nos cuesta imaginarnos bailando mientras luce ricos quimonos o amenizando banquetes gracias a su dominio de la conversación o de las artes tradicionales que estudian las geishas como la interpretación de instrumentos musicales, la ceremonia del té, etc. Lo he dicho: no es solamente japonesa, sino japonesa por los cuatro costados. Físicamente es completamente ideal, y no sólo por sus rasgos asiáticos, sino por su porte elegante y delicado. 

A nivel de actuación, el trabajo de Yachigusa es igualmente exquisito. Además de mostrar un obvio conocimiento y dominio de la ópera aun sin ser la cantante, imprescindible a la hora del playback, está absolutamente extraordinaria en el lenguaje gestual. Miradas, gestos, y si se quiere cierta contención japonesa que lejos de resultar inexpresiva tiene mucho de cándido y conmovedor, amén de huir de histerismos escénicos por completo innecesarios. Por mucho que pueda haber quienes hubieran preferido ver a la propia Moscucci en la película, chapó por Yachigusa. Con ella se ve realmente a Butterfly en la pantalla.

Espléndido el Pinkerton de Giuseppe Campora, mejor incluso que en la grabación de Erede (ver aquí) en la que se le ve quizá algo más forzado. Interpreta el papel un Nicola Filacuridi en quien no vemos a un rudo marinero ni tampoco exactamente a un crápula descerebrado, sino a alguien con aspecto de galán de cine... y con muy poca decencia. Anna Maria Canali está tan correcta en su papel de Suzuki como en la grabación de Gavazzeni del mismo año que comenté en su día. En la pantalla, Michiko Tanaka se nos muestra como una mujer ya no joven y bastante sufriente. Puestos a elegir entre películas, me gusta más el modo en el que Mitterrand enfocaba a este papel, presentándolo no tanto como una figura casi maternal con Butterfly como una amiga aún joven y compañera de distracciones.

En cuanto al cónsul Sharpless, Ferdinando Lindonni es, junto con Josephine Corry (Kate Pinkerton) el único que, además de cantar, aparece como actor en la película. Su voz es muy lírica y compone un personaje dulce, lo cual no es un enfoque habitual a la hora de abordar su parte, aunque al menos puede decirse que tiene personalidad y que no resulta gris como muchos otros. Lo que sí es cierto, en cualquier caso, es que se presenta algo blando y que le falta mucho drama en la tensa discusión que se suscita entre Sharpless y Butterfly tras la lectura de la carta de Pinkerton. Su papel se ve especialmente afectado por los desafortunados cortes a los que Gallone somete a la partitura. Faltan las recriminaciones a Pinkerton antes de la aparición de la novia en el primer acto, lo cual diluye obviamente el lado cabal y prudente del personaje. Además, se le priva del “Io so che alle sue pene”.

Ejemplar Paolo Carloni como Goro (en pantalla vemos a Kiyoshi Takagi), que da una lección de cómo hacer su papel creíble y con la necesaria dosis de malicia, repulsión y comicidad cantando excelentemente y sin amaneramientos. Demasiado aullador, en cambio, el Bonzo de Plinio Clabassi (el actor es Yoshio Kosugi), y por completo ridículo el Yamadori de Adelio Zagonara, cantando con una vocecilla que aproxima al personaje al mundo de la caricatura, a lo cual contribuye la manera en la que se caracteriza a Satoshi Nakamura, al que vemos como un hombre grotescamente serio y envarado y con un enorme mostacho.

Por último, hay que hablar de la dirección orquestal de Oliviero de Fabritiis al frente de la Orquesta de la Ópera de Roma. El trabajo es a todas luces notable, como lo era ya en la muy anterior grabación de Toti dal Monte (¡qué cantante tan cursi y ñoña!) que comenté aquí, pero en esta ocasión, desgraciadamente, no podemos hacernos una idea de conjunto por culpa de los cortes en la partitura e incluso de las manipulaciones en la misma que impone Gallone y a las que debe plegarse De Fabritiis. Por ejemplo, a veces se acude sin ningún sentido para mí a dejar únicamente el fondo orquestal y eliminar las voces (expulsión de Goro de la casa de Butterfly en el segundo acto). En cuanto a los cortes, muchos son tan sangrantes que la música no engarza bien tras ellos, de modo que se hace obvio que han metido la tijera incluso para gente que nunca haya oído esta ópera. Además de los que ya he citado respecto del personaje de Sharpless, hay otros que afectan a pilares esenciales del argumento: por ejemplo, falta casi por completo el “Dovunque al mondo”, en el que como público somos informados por primera vez de la verdadera personalidad de Pinkerton. Otros cortes no afectan al desarrollo argumental de la historia o a nuestro conocimiento de los personajes, pero recaen de manera muy desafortunada en partes especialmente hermosas de la partitura de Puccini: al coro a bocca chiusa se le recortan varios compases, falta por completo el “sueño” orquestal de Butterfly (aunque parte de su música se utiliza en la escena inventada antes citada en la que vemos, entre los actos primero y segundo, el abandono de Butterfly por parte de Pinkerton) y también se abrevia un poco el espléndido dúo de amor que pone fin al primer acto (¡imperdonable!). Los cortes, en suma, son tan continuos e irritantes (principalmente en ese primer acto) que apuntarlos uno por uno es tarea casi inútil.

Ha llegado finalmente el momento de hacer balance. Pocas dudas caben de que esta poco conocida película es cuanto menos curiosa. De entre todas las decisiones arriesgadas por las que opta Gallone, la de cortar tantísimo la partitura constituye para mí un paso fatal que imposibilita tomarnos el resultado en serio como versión fílmica de la ópera de Puccini. No puedo considerar como referencia de una ópera una filmación en la que faltan tantos aspectos de aquélla, pero sí que puede verse como lo que realmente es: una curiosidad, una rareza no siempre fácilmente comprensible en su planteamiento, pero con una música hermosa y visualmente agradable (esto último merced principalmente a Kaoru Yachigusa). Una película a propósito de una ópera, en suma, a la que no hay que acercarse con una expectativa purista en lo musical, sino más bien con la buena disposición de disfrutar con algo construido libremente sobre la base de la genial obra de Puccini.

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