Gracias al Festival de Música Antigua, el mes de marzo es siempre particularmente intenso en lo que concierne a la vida cultural de la ciudad de Sevilla, en la que resido. Son varios los conciertos a los que he asistido en el último mes y de los que no he dado cuenta pormenorizada en el blog, pero conservo claras mis impresiones de cada uno de ellos y puedo permitirme agrupar mis comentarios en una única entrada. Espero que muy pronto pueda disponer de más tiempo para el blog…
A la Orquesta Barroca de Sevilla he podido escucharla dos veces estos últimos días. El 27 de febrero, hace apenas un mes, ofrecía en la Sala Joaquín Turina un programa integrado por algo tan poco explorado como lo es la música de cámara española del siglo XVIII a través de composiciones de Pla, Manalt, Flacco y Cavazza. No conocía las obras de antemano, por lo que no puedo comparar lo escuchado con ninguna otra versión, pero a nivel técnico la OBS mostró la alta calidad a la que nos tiene acostumbrados. Ya metidos en el
Que María Espada es una gran artista es algo que he tenido oportunidad de comprobar varias veces no sólo a través de sus grabaciones, sino también en todas las ocasiones en las que he tenido la fortuna de escucharla en vivo. Ayer apareció en la sala Joaquín Turina junto con la Orquesta Barroca de Sevilla –era la última aparición del conjunto hispalense en esta edición del FeMÀS– y tras oírla con atención sólo puedo admirar la pulcritud de su emisión y la elegancia de su línea de canto. Espada estuvo brillante en la famosa Salve Regina de Pergolesi, que tantas veces se hermana con el Stabat Mater, y con las quizá menos espirituales pero muy efectistas “Nulla in mondo pax sincera” e “In furore” vilvadianas, composiciones de alto nivel que resultan también conocidas para el oyente medio, amén de
La presencia ayer de Jordi Savall con su conjunto Hespèrion XXI en el FeMÀS fue un evento musical de interés doble: de un lado porque la presencia de Savall (que aun con sus defensores y detractores es probablemente la figura española
Tras cuarenta años de historia, el Hilliard Ensemble ha anunciado su inminente disolución, de modo que ahora mismo están realizando su gira de despedida, que incluyó ayer una parada en la Catedral de Sevilla en el marco del FeMÀS. Sin duda, el de anoche fue el último concierto de esta famosa agrupación vocal
Acompañado por la figura de Patrizia Bovi, el conjunto sevillano Artefactum actuó anoche en el espacio Santa Clara en el marco del FeMÀS con un programa titulado “De Sevilla a Asís”. La estructura del programa se presentaba a priori como atractiva: el concierto se dividía en varios bloques, cada uno de los cuales se integraba de músicas medievales de aquellos países que recorrería un viajero que, partiendo de Sevilla, se encaminase a Asís. En suma, música española, francesa, alemana e italiana.
Bovi posee una agradable y cálida voz muy apta para este repertorio, aunque cierto es que adolece de ciertos cambios de color en la zona grave, en la que la voz deviene algo inestable y el timbre se vuelve opaco. Sea como fuere se agradece su presencia, pues lo mejor de la velada fue (como recoge la crítica aparecida hoy en Diario de Sevilla) la canción del Robin y Marian de Adam de la Halle.
En cuanto a Artefactum, gustó muchísimo al público, que acabó casi al completo en pie. Personalmente, anoche no disfruté como en otras de las ocasiones en
Resulta interesante acudir al Llibre Vermellde Montserrat como ejemplo de cómo ha variado a lo largo de los años la concepción popular de una música que hoy ha alcanzado una cierta popularidad y que se ha hecho frecuente no sólo en los programas de concierto, sino en los cultos religiosos. Carles Magranergrabó su versión con su conjunto Capella de Ministrers en el año 2001, y su concepción de la colección montserratina se sitúa lejos del emblemático registro
Que la Akademie für Alte Musik Berlin es una de las mejores orquestas historicistas del mundo no es ningún misterio. Ayer, el FeMÀS nos dio la oportunidad a los sevillanos de disfrutar de este espléndido conjunto –a las órdenes del violinista Georg Kallweit– en un emplazamiento que cuenta con las dimensiones y acústica adecuadas para ello, como es la Sala Joaquín Turina. Según me comentó la persona que se sentó a mi lado, no se llegaron a vender la
Tras haberme perdido con bastante pena el concierto de apertura del FeMÀS con Rousset y Les Tanlens Lyriques (era la boda de dos grandes amigos que me han acompañado en más de una ocasión al Teatro de la Maestranza), ayer me “estrené” asistiendo al programa de la Orquesta Barroca de Sevilla dedicado a
Se terminó. Como dice el refranero, todo lo bueno se acaba, y esta brillante edición del FeMÀS concluyó el viernes en Santa Clara con un programa del grupo Accademia del Piacere dedicado a Monteverdi. Fahmi Alqhai, director del festival, se ha reservado a sí mismo la clausura con un concierto para recordar en la memoria. Pero vayamos por orden.
El programa que se ofreció para la clausura es coincidente con el cedé “Amori di Marte” que el grupo sevillano publicó en 2010 y cuyo contenido gira en torno al Combatimento di Tancredi e Clorinda y los madrigali guerrieri ed amorosi monteverdianos. Todo comenzó con la célebre toccata del Orfeo desprovista de sus habituales cornetas (es curioso que este último programa haya comenzado exactamente igual que el primero, de L’Arpeggiata, que también se inició con esa toccata), que se presentó de forma bellamente ornamentada y no exenta de una cierta pomposidad barroca que casa bien con la pretensión de “llamada de atención” que busca el primer número de un concierto. De hecho, por alguna parte de este blog escribí hace tiempo que, para mí, la toccata y el Prólogo del Orfeo consisten precisamente en una llamada de atención al público y en la invitación de que guarden silencio, más o menos como los modernos anuncios de megafonía que nos avisan de la necesidad de apagar los teléfonos móviles. Primero se capta la atención del respetable, luego aparece la figura alegórica de la Música invitando a prestar atención y a guardar silencio, y sólo después comienza el primer acto. Por tanto, esa barroquísima forma de interpretar la toccata, que se repetiría más adelante con la sinfonía avanti il prologo del Ulisse, casa bastante bien con esa intención. Lo que pasa es que a veces hemos escuchado tanto una misma pieza que hemos acabado asimilándola de modo que cualquier visión que se aleje de lo acostumbrado nos asombra. Y el Monteverdi de Accademia del Piacere es, precisamente, muy fecundo en lo que a imaginación y creatividad se refiere, sin salirse de los cauces de lo que podemos considerar la ortodoxia. Realmente es un grupo interesante.
Si brillante estuvo, como digo, la Accademia del Piacere, no puede decirse menos del grupo de cantantes solistas que participaron en el concierto. De entre ellos, quien más destacó fue Juan Sancho, que ya estuvo notabilísimo hace unos días con Rameau en el Maestranza (click aquí) y que se mostraba haciendo lo que mejor se le da, que es Monteverdi. Mariví Blasco tuvo su momento con el Amor del Lamento della ninfa, cantado de forma más musical en mi opinión que la que se ofrece en el disco, aunque faltaron las secciones corales. Por cierto que es la tercera vez que se ha escuchado el Lamento en esta edición del FeMÀS. Se ha oído en el concierto de L’Arpeggiata, en el de Raquel Andueza con La Galanía, y en el de clausura, en el que la entrada de la soprano vino precedida de una bella improvisación instrumental. Emilio Gil cerró con solvencia el grupo de los solistas, mientras que Juanfra Sánchez actuó como recitador narrando la historia de Tancredo y Clorinda y aportando un cierto hilo argumental y teatral a la primera parte del programa. El público, naturalmente, quedó encantado y se ofreció como propina el célebre Pur tu miro que cierra L’incoronazione di Poppea, que Mariví Blasco cantó con un Juan Sancho que resulta brillante aun cuando el papel de Nerone no es para su tesitura de tenor.
Al término del concierto, Fahmi Alqhai, Juan Sancho y Mariví Blasco firmaron discos a todos los que quisieron, oportunidad que desde luego aproveché. Son todos encantadores.
Así que como simple aficionado que escribe sin ataduras lo que piensa en internet, quiero decir libremente GRACIAS a los organizadores por esta brillante edición del FeMÀS. Es lo mínimo que se puede decir tras estas tres semanas intensas de buena música ininterrumpida. Yo y los que hemos tenido la oportunidad de asistir como público a los conciertos de esta edición lo hemos pasado verdaderamente bien.
PS: Juan Ramón Lara, miembro de Accademia del Piacere y crítico musical, acudió al concierto apoyándose en unas muletas, lo que ocasionó comentarios de simpatía entre el público. Ignoro qué percance puede haber sufrido, pero le deseo sinceramente una muy pronta recuperación. Los artistas deben mantener la salud.
Claudio Monteverdi (1567-1643)
Toccata
Combattimento di Tancredi e Clorinda [con glosas de Manuel García]
Sinfonia de Il Ritorno di Ulisse in Patria
[Improvisaciones sobre la passacaglia]
Lamento della Ninfa
Entrata del Ballo delle Ingrate
Non vedrò mai le stelle
Biagio Marini (1594-1653)
Passacaglia
Claudio Monteverdi
Tempro la Cetra
Juan Sancho, tenor (Testo)
Emilio Gil, tenor (Tancredi)
Mariví Blasco, soprano (Clorinda)
Juanfra Juárez, recitador
Fahmi Alqhai, violino da gamba y dirección
Rami Alqhai , viola da gamba y violino da gamba
Johanna Rose, viola de gamba
Marina Barredo, viola
Juan Ramón Lara, violone
Javier Núñez, clave
Tras asistir ayer a la representación de La princesse de Navarre en el Teatro de la Maestranza, creo que puedo afirmar sin atisbo de duda que uno de los principales méritos de esta edición del Festival de Música Antigua de Sevilla ha sido el de incidir en la música del genial Jean-Philippe Rameau. Hace apenas unos días que los sevillanos tuvimos el gran privilegio de disfrutar de un concierto clavecinístico verdaderamente espléndido dedicado a la figura de Rameau con dos consagrados intérpretes del instrumento como son Pierre Hantaï y Skip Sempé (click aquí). Ayer, el Teatro de la Maestranza ofreció La princesse en versión concierto, con una Orquesta Barroca de Sevilla brillante bajo la dirección de Hervé Niquet.
Cierto es que la OBS no se ha centrado hasta ahora primordialmente en el ámbito del Barroco francés, pero siempre que lo ha hecho ha alcanzado un resultado que sólo puede calificarse como notabilísimo. Aún recuerdo con cariño unos maravillosos Élémens de Rebel o una brillante suite de Les Boréades ofrecida en Sevilla hace años, si no recuerdo mal bajo la dirección de Monica Huggett. Ayer Niquet hizo que la orquesta sonase verdaderamente a la francesa, y al espectacular resultado contribuyó la presencia de un Coro de la Asociación de Amigos del Teatro de la Maestranza sencillamente ideal y de perfecto empaste con la orquesta.
En cuanto a los solistas, fue Maria Espada quien sobresalió principalmente, como siempre ha hecho cada vez que ha venido a Sevilla. Y ello pese a lo breve de su intervención. La soprano Chantal Santon Jeffery mostró, por su parte, una voz agradable, aunque de obvias limitaciones en el descenso al grave. En cuanto a ellos, todo un placer que el joven tenor Juan Sancho haya vuelto a Sevilla. Su muy lírica voz es indudablemente bellísima, aunque luce mejor a mi entender en el ámbito más italianizante, y de forma muy clara en Monteverdi. Pero ayer Sancho demostró, además de técnica, la gran amplitud de su tesitura y un estupendo dominio, mostrando una facilidad pasmosa para agudos más que comprometidos. El grupo de solistas se cerró con un Marc Labonnette de voz contundente y apropiada. Jesús Vigorra, por su parte, se encargó de resumir los diálogos de la obra a través de la lectura de la sinopsis publicada en la Cronica del Mercure de France en febrero de 1745, que por cierto el Maestranza adjuntó junto con el resto del material del librito de la función.
Aunque se me ponen los dientes largos esperando el momento en el que podamos ver en Sevilla alguna de las óperas más populares de Rameau (Hippolite et Aricie, Les Indes Galantes, Plateé, Les Boréades, Castor & Pollux, etc.) lo cierto es que la oportunidad de ayer no debía ser desaprovechada. No todos los días puede asistirse en vivo a la representación de una obra (con texto de Voltaire) tan inhabitual como La princesse de Navarre, cuyo estreno en 1745 contribuyó en forma decisiva al buen afianzamiento de Rameau como compositor de éxito. Además, la función de ayer tenía un interés añadido, pues se ofreció la obra en la edición de Lionel Sawkins, que reproduce el modo en el que se interpretó por segunda vez (con algunas modificaciones respecto de la edición original de 1745) en 1763, después de que la partitura de esta reposición fuese descubierta en 1983. No dejó, por tanto, de ser una lástima la presencia de numerosas butacas vacías. Supongo que el teatro estaría, más o menos, al setenta por ciento de su capacidad.
Un último detalle de agradecer es la entrega gratuita del libreto a la entrada del Teatro. Normalmente hay pagarlo al precio de cinco euros, cosa que no hubo que hacer ayer. Y por cierto, el librito incluye unos concisos y muy instructivos apuntes biográficos de Rameau escritos por Fernando López Vargas-Machuca, cuyo blog Ya nos queda un día menos no me cansaré de recomendar. Una noche de ópera muy disfrutable.
Que Pierre Hantaï y Skip Sempé son dos de los más consagrados clavecinistas de la actualidad es un hecho que admite poca discusión. Recientemente se han unido para la realización de un disco dedicado a Jean-Philippe Rameau titulado Symphonies à deux clavecins que ha editado el sello Mirare. Pues bien, la trigésima edición del Festival de Música Antigua de Sevilla nos ha brindado a los sevillanos la posibilidad de disfrutar en vivo, en el espacio Santa Clara, de buena parte del contenido del disco, que resulta francamente recomendable.
La idea de base es la de reunir fragmentos de las óperas de Rameau, muchos de ellos bien conocidos, e interpretarlos a dos claves. El resultado no sólo es óptimo en la sala de grabaciones, sino que también se demostró ayer que funciona a la perfección en concierto, pues ambos intérpretes se manejan como pez en el agua en un repertorio en el que muestran perfecta sincronía. De hecho, no es ningún misterio que Skip Sempé es, junto por ejemplo Christophe Rousset, uno de los más consagrados especialistas en la música para clave del Barroco francés. Hantaï, por su parte, no ha focalizado nunca su carrera según una orientación tan determinada, sino que ha ido tocando varios “palos” y se ha erigido en un intérprete bachiano de referencia desde su primer registro de las Goldberg, allá por los noventa.
Al margen de algún nimio y comprensible desajuste, ambos intérpretes dieron ayer el que, en mi opinión, ha sido por el momento uno de los grandes conciertos de esta lograda edición del FeMÀS. Y es que al margen del virtuosismo, los dos supieron expresar algo que es consustancial a Rameau y que resulta francamente difícil de expresar: es elegancia, una galantería que bien entendida no está reñida con la emoción ni el patetismo. En una palabra, es “gracia”.
En el sur de España utilizamos palabras como “arte”, “embrujo” o “pellizco” para referirnos a la captación del encanto de un determinado género musical (flamenco, en el caso expuesto). Pues con Rameau hace falta una indiscutible dosis de “gracia”. Es posible que a algunos esta música les resulte “frívola”, poco profunda y algo dada a la coquetería, como puede suceder con todo el movimiento Rococó. Pero a los que lo amamos nos parece música para ser más feliz. Rameau ha sido un leal compañero para mi durante los últimos diez años de mi vida.
Ayer, además de perfección técnica, hubo mucho “encanto” en Santa Clara. Bastaba escuchar cómo sonaba la magnífica obertura de Castor et Pollux en manos de ambos artistas, con sus dos secciones tan espléndidamente diferenciadas. La primera mitad, adecuadamente solemne y de cierta “pomposidad” si se quiere. La segunda, un vehículo idóneo para demostrar el virtuosismo de los intérpretes. A destacar, por arrebatadoramente encantadoras, L’indiscrete y La Marais, de las Pièces de clavecin en concerts. El público aplaudió insistentemente al término del programa y obtuvo en recompensa la chacona de Dardanus como bis.
Rameau: La Marais (Pièces de clavecin en concerts) / Pierre Hantaï & Skip Sempé
¿Qué no se ha dicho a estas alturas sobre las Variaciones Goldberg? Junto con el Stabat Mater de Pergolesi o Las cuatro estaciones de Vivaldi, las Goldberg son una de esas obras que se han grabado hasta la saciedad. Hay interpretaciones para todos los gustos. Desde las primeras opciones pianísticas –con esos dos enormes registros históricos de Glenn Gould– hasta la utilización del clave en el seno del movimiento historicista, en donde destacan las lecturas de intérpretes de referencia de la obra como Hantaï en sus dos grandes registros, Dantone y tantísimos otros. Y también dentro de estas interpretaciones al clave tenemos un campo casi inagotable de visiones bien diferenciadas de una misma obra: la elegancia clasicista de un Pinnock, el nervio de un Koopman, la riqueza ornamental del ya referido Dantone...
Las Goldberg son, por tanto, treinta oportunidades para que el intérprete que se sienta al teclado nos diga algo. Y ayer lo consiguió en el espacio Santa Clara el joven clavecinista Diego Ares en el marco del FeMÀS. Después de la famosa Aria inicial, no exenta quizá de cierta precipitación y hermosamente ornamentada en el da capo, Ares deleitó al respetable con su personal visión de la monumental obra bachiana. Por ejemplo, si en la referida Aria inicial se optó por un tempo marcadamente rápido, la habitualmente saltarina variación nº5 resultó de un carácter inesperadamente sosegado. Y en el marco de esta continua labor de sorprender y deleitar al público, Ares recurrió al tempo rubato sin incurrir en el exceso y a introducir las repeticiones da capo sólo en ciertas ocasiones, sin que ello pareciese obedecer a un criterio predeterminado. Así que cada nueva variación venía a ser toda una sorpresa para el público, que podía encontrar la novedad en lo bien conocido tanto en el fondo y la expresión como en la forma en la que se manifestaba. Al margen de algún problema aislado de nimia importancia, fue una versión de una más que evidente altura.
Al término del concierto, silencio. No hubo aplausos hasta que transcurrieron varios segundos desde el momento en el que Ares levantó sus manos del teclado. Después, agradecimiento, y ahora sí, nutridos aplausos.
La trigésima edición del Festival de Música Antigua de Sevilla prosigue esta semana con el mismo buen pie con el que comenzó el pasado sábado en la Sala Joaquín Turina. Ya aquella noche tuvimos la oportunidad de disfrutar de la presencia de Raquel Andueza con el conjunto L’Arpeggiata en un concierto que resultó muy atractivo. Tan sólo un día más tarde, es decir, ayer domingo, Andueza volvió a actuar en el marco del FEMÁS, esta vez en la iglesia de Santa Maria la Blanca con el programa de su disco “Yo soy la locura”, publicado el pasado año.
Lo cierto es que quien, como yo, asistiese a los dos conciertos, pudo hacerse una idea muy clara de la gran versatilidad de esa estupenda artista que es Raquel Andueza. A la vitalidad, el desenfado y la comicidad de L’Arpeggiata siguió ayer un programa intimista que invitaba al recogimiento, y que resultó verdaderamente fabuloso gracias al grupo La Galanía, integrado por Jesús Fernández Baena (tiorba) y César Hualde (guitarra barroca), al margen de la propia Andueza. Esta última lució una amplia variedad de recursos y de aterciopeladas medias voces que evidencian lo mucho que domina un programa que resulta absolutamente idóneo para voz, de tinte bello y carnoso. Es francamente difícil quedarse por algo, pero a servidor le venció la tierna melancolía del Sé que me muero de Lully, que estoy seguro de que debió derretir a buena parte del público a pesar del frío que supone permanecer sentado e inmóvil una hora y media en una iglesia con suelo de mármol durante un día como el de ayer. No menos exquisito resultó el programa a nivel instrumental, por ejemplo, con un sensacional Bailo di dame de Martín y Coll. Terminado el programa oficial, Andueza agradeció amablemente al público su asistencia y presentó ella misma los dos bises con los que se premiaron los aplausos: Folle è ben che si crede, de Tarquinio Merula, y el Amor del Lamento della ninfa de Monteverdi, que precisamente pudo oírse ya en el concierto del día anterior en la Sala Joaquín Turina.
Ahora viene lo de siempre. Perjudicar un poco más la maltrecha economía y hacerse con el disco. Pero es que no hay otra...
Raquel Andueza & La Galanía. Yo soy la locura (Música española y europea –con texto en castellano- del siglo XVII)
El celebrado grupo L’Arpeggiata de Christina Pluhar fue ayer el encargado de inaugurar la trigésima edición del Festival de Música Antigua de Sevilla. Indudablemente es una estupenda noticia para los melómanos el que sigamos contando con una edición anual de este festival, que con un músico de categoría al frente como es Fahmi Alqhai, nos trae a figuras de primera línea. Y el público responde. Si algo tengo claro es que Sevilla le es muy fiel a su Festival de Música Antigua, y cuando uno asiste a conciertos como el de anoche, es capaz de palpar en el ambiente algo tan difícilmente expresable como la expectación antes del concierto, al margen del entusiasmo durante el mismo y el agradecimiento a su término. Ayer, la sala Joaquín Turina estaba totalmente llena, y eso significa que esfuerzos como el del FEMÁS hacen que la propia ciudadanía, en nuestro caso los sevillanos, se eduque y crezca. Se me ocurre precisamente que un festival como este constituye una estupenda vara de medir del interés cultural de la ciudadanía. No nos engañemos: como en cualquier sitio donde haya un teatro de ópera, también en Sevilla hay gente que va a la ópera para “figurar”, aunque sin duda se trate de una parte minúscula del público. Pero nadie hace eso con el FEMÁS, ni con el programa de abono de la OBS, ni con el ciclo de conciertos veraniegos del Alcázar. Las razones por las que hay gente que considera a la ópera como algo elitista no vienen al caso, pero tal cosa no ocurre con el Festival. Estoy convencido de que su público acude por las dos razones por las que se debe asistir a cualquier espectáculo musical: por interés a la música y a sus intérpretes. Y que una ciudad sepa responder año tras año tan fielmente a estos patrones es para mí encomiable. El problema es que para muchos, incluyendo a no pocos representantes de los ciudadanos, esta es una ciudad interesada tan sólo en el flamenco, la feria y demás clichés. Aunque la realidad diga que los sevillanos llevamos tres décadas de Festival de Música Antigua...
L’Arpeggiata. Uno sabe, o debe saber de antemano, a lo que va con este grupo si se propone asistir a uno de sus conciertos o comprar sus discos. Por expresarlo de modo sencillo, el grupo de Pluhar da el espectáculo. En eso consiste buena parte de la historia. Lo que pasa es que eso de “dar el espectáculo” no debe leerse aquí en sentido peyorativo, ni muchísimo menos, pues es precisamente un espectáculo dirigido a que el espectador no sólo escuche música culta brillantemente interpretada, sino a conseguir además que se divierta y lo pase bien. Siendo un grupo de instrumentos de época, las obras del primer Barroco que integran el programa –y el repertorio normal del grupo– no se exponen con un ánimo excesivamente “purista”, sino marcadamente liberal y desenfadado. Es el “estilo Arpeggiata”, en cuyo marco anoche ni siquiera hubo pausas entre muchos de los números del programa. Cada obra pierde así su individualidad y se funde en un todo en el que Monteverdi puede sonar a ritmo de blues y los músicos gastarse bromas entre sí. L’Arpeggiata toma cada obra individual para componer un puzle global marcado por el desenfado, la exquisitez interpretativa, y no nos olvidemos, la de la propia música que interpretan.
El caso es que la suma de todos estos componentes hace que el conjunto de Pluhar se haya creado algo tan notable como una concepción propia del “espectáculo”, y esto es algo que a mí me merece un inmenso respeto, por mucho que repela a los partidarios de una ortodoxia más purista y filológica, por expresarlo de algún modo. El caso es que este “efecto Arpeggiata” se ha terminado extendiendo también en los últimos años a algunas otras agrupaciones barrocas con resultados para mí menos interesantes y genuinos.
A la vista de lo que llevo escrito, creo que no hace falta decir que lo de anoche funcionó a la perfección. Todos y cada uno de los miembros del grupo funcionaron con exquisita brillantez, igual que una máquina bien engrasada. Nombrar a alguno en particular implica sin duda una cierta injusticia, pero el público celebró mucho la portentosa improvisación que Marcello Vitale hizo con su guitarra batiente de la Tarantela a Maria di’ Nardo. En cuanto a las voces, Raquel Andueza ha cantado y grabado con el conjunto, y anoche lució nuevamente en Sevilla su bellísima y cálida voz, acompañada de otro habitual de L’Arpeggiata como es Vincenzo Capezzuto, cantante y bailarín napolitano de voz afalsetada, no llamativamente hermosa, pero que resultó adecuadísimo, por ejemplo, para los tintes folclóricos de una Pizzica di San Vito –ofrecida de nuevo como segundo bis al término del concierto– de vitalidad contagiosa. Precisamente en los bises, en los que L’Arpeggiata muestra ya su lado más Arpeggiata, bailó y bromeó con Andueza. Junto con la Pizzica di San Vito, se ofreció de propina la Ciaconna del Paradiso e del inferno a dúo con los dos cantantes. Conocedor de este divertido vídeo de Jaroussky, sabía de antemano lo que iba a ocurrir:
Efectivamente, la descripción de las penurias del infierno la realiza inesperadamente Doron Sherwin (que dicho sea de paso, estuvo espléndido toda la noche con su corneta) cantando de forma deliberadamente mediocre. La broma de anoche fue más exagerada y excesiva que en el vídeo de Jaroussky, y el público, que ya estaba totalmente entregado al término del programa oficial, sencillamente tronó de pura diversión. Nunca he escuchado tantos gritos y silbidos (positivos, naturalmente) en la Sala Joaquín Turina como anoche. Nunca. Y eso que he escuchado por allí a gente como Trevor Pinnock, Enrico Onofri, Andrew Manze, The English Concert, Jordi Savall, Diego Fasolis, Giugliano Carmignola...
Al final, uno sale del concierto en las nubes y con la sonrisa puesta, y estoy seguro de que el público hubiese aplaudido eternamente a la búsqueda de bises sin fin. Y es que al final, uno se acaba preguntando hasta dónde podemos saber a ciencia cierta el modo en el que se interpretaban estas obras en su día. A fin de cuentas poco importa: gran música, grandes músicos y gran público.
Programa. "Teatro d'amore":
Claudio Monteverdi (1567-1643) Toccata
Barbara Strozzi (1619-1677) Che si può fare
[Tradicional] Stu criatu
Claudio Monteverdi Quel sguardo sdegnosetto
Maurizio Cazzati (1616-1678) Ciaccona
Claudio Monteverdi Damigella, tutta bella
[Improvisación sobre la tarantela napolitana]
[Improvisación sobre La Dia Spagnola]
Claudio Monteverdi Si dolce è’l tormento
[Tradicional] Tu bella, ca lu tiene
Andrea Falconieri (1585/86-1656) Brando Il Spiritillo
Benedetto Ferrari (c.1603-1681) Son ruinato
[Improvisación sobre la tarantela a Maria di’ Nardo]
Benedetto Ferrari Eraclito amoroso
[Tradicional] Pizzica di San Vito
Antonio Bertali (1605-1669) Chaccona
[Tradicional] Ninna, nanna sopra la Romanesca
Claudio Monteverdi Amor
Claudio Monteverdi Chiome d’oro
Lorenzo Allegri (1567-1648) Canario
Domenico Maria Melli (fl. principios s.XVII) Dispiegate, guance amate
[Tradicional] Lu Passariellu
Giovanni Antonio Pandolfo Mealli (c.1629-c.1679) La Vinciolina
Hace apenas un rato que he llegado a casa de asistir al magnífico concierto de clausura de la presente edición del Festival de Música Antigua de Sevilla. Un concierto en el que el público ha podido admirar el portentoso resultado de reunir, como si de los ingredientes una fórmula mágica se tratara, al violonchelista Christophe Coin, a la soprano Raquel Andueza y a la Orquesta Barroca de Sevilla. Vayamos paso a paso, comenzando por la soprano.
Gracias al FEMÁS, en apenas dos semanas hemos podido disfrutar en Sevilla de quienes probablemente sean las mejores voces “barrocas” de España: María Espada (domingo, 18 de marzo) y Raquel Andueza, a quien ya tuvimos en la pasada edición del Festival. Hoy se enfrentaba a un aria de Boccherini (“Se non ti moro allato”) y a otra de Brunetti (“Involarmi il mio tesoro”) junto con la escena “Non so più dov’io sia”, también de este último. Fabulosa en todo momento, la voz fluye con un timbre carnoso y de poco squillo que, por citar voces conocidas, puede recordar a McNair y en menor medida a Bonney. Sin embargo, a diferencia sobre todo de ésta última, Andueza huye en todo momento de la languidez expresiva, cantando cuando es preciso de forma enérgica, algo que se hizo palpable en el “Involarmi”, y ornamentando con refinamiento y sin caer en el exceso ni la mera exhibición gratuita y carente de atractivo musical. Me ha dado por pensar que podría ser una Ilia perfecta para Idomeneo. Es la calidad unida al buen gusto.
Ahora el segundo protagonista (por el orden de esta entrada, ya que a nivel musical todo funcionó a la perfección): Christophe Coin. Le tuvimos por aquí en 2010 con la OBS haciendo un excelente Haydn (sinfonías con violonchelo obligado) del que afortunadamente ha quedado un buen registro discográfico. Repetir la fórmula Haydn + Coin era por tanto una apuesta segura que no ha defraudado a nadie. El programa comenzaba precisamente con la obertura de L’isola disabitata, concluyendo la primera parte con una de mis debilidades: el concierto para violonchelo en do mayor, Hob. VIIb/1. Coin ya lo grabó hace bastante tiempo con Christopher Hogwood y su Academy of Ancient Music (abro paréntesis: yo reivindico el Haydn de Hogwood, injustamente tachado por muchos de superficial y ñoño), de modo que la actuación de hoy ofrecía interés para observar si el afamado chelista ha variado su visión de la composición con el transcurso de los años. Lo cierto es que lo escuchado esta mañana es notablemente superior al disco, con momentos absolutamente geniales: conozco sobradamente el concierto, pero jamás me había dado por pensar que pudiesen extraerse atisbos trágicos del tiernísimo adagio central como ha hecho Coin. Y todo ello acompañado de una OBS absolutamente sensacional. De haberse grabado, lo de esta mañana en la Sala Joaquín Turina sería con toda probabilidad la mejor versión discográfica de esta preciosa composición. Citemos, por ejemplo, dos grabaciones referenciales: el trabajo de Coin ha sido más matizado, sutil y rico que el de Queyras en su excelente registro con la Barroca de Friburgo, y por otra parte, la OBS se ha mostrado hoy a un nivel superior, sin duda, al de Tafelmusik, que acompaña a Bylsma en su grabación de esta obra, quizá con excesiva parsimonia en el referido adagio.
El programa concluyó con la Sinfonía nº 33 en do menor con violonchelo solo (“El Maniático”) de Brunetti. La obra es simpática y la orquesta lució espléndidamente en el Allegro spiritoso final –sí se observó algún desajuste mínimo de los vientos totalmente disculpable por la dificultad añadida que implica el uso de instrumentos de época– aunque lejos de la densidad y la complejidad intelectual, que para sorpresa aún de muchos, caracteriza a la música del genial Haydn.
Se incluía en el programa la sinfonía nº 23 en fa mayor de Brunetti, que se omitió quizás para evitar una duración excesiva del concierto. En cualquier caso, los aplausos del público al final fueron premiados con el allegro conclusivo.
Haydn: Concierto para violonchelo en do mayor, Hob. VIIb/1 (Adagio). Christophe Coin & Christopher Hogwood – The Academy of Ancient Music
Al margen de su proyecto Tacuinum sanitatis, del que ya pudimos oír algo el pasado verano en el ciclo de conciertos del Alcázar, el conjunto Artefactum volvió ayer a Sevilla para ofrecer, en el marco del FEMÁS, un programa dedicado al cambio estacional del invierno a la primavera en la Edad Media. Por mucho que la adscripción de algunas de las piezas a estos bloques temáticos pueda parecer en ocasiones forzada, el resultado es el de un programa inteligente en el que los conceptos de invierno y primavera no se comprenden sólo en el ámbito de lo descriptivo (Vivaldi, Haydn), sino también en el de las significaciones simbólicas que contienen: así, el paso de una a otra estación marca también el tránsito del frío al calor, de la religiosidad fervorosa al canto profano al amor y los placeres, de la oscuridad de la Pasión de Jesús a la luz de la Resurrección... La inclusión de los distintos números del programa se realiza en el marco de esta interpretación “extensiva” de las ideas de invierno y de primavera, llevando de la mano al espectador por un camino casi iniciático en el que el carácter festivo sólo se alcanza avanzando previamente por la austeridad y la reflexión interior.
Deslumbró como siempre el conjunto, en esta ocasión en formación de octeto, en un programa en el que, a diferencia de tantas otras veces, el peso vocal era casi mayor que el instrumental. Las voces solistas funcionaron excelentemente tanto en el canto como en el recitado –siempre teatral y lleno de inflexiones, dirigido a captar en todo momento la atención de un público probablemente iletrado hace casi mil años– y destacó, como siempre, el bellísimo timbre de Alberto Barea, aunque en algún momento recurriese levemente al falsete en las notas más altas. Álvaro Garrido, encargado de la percusión, tuvo también su momento en una improvisación que se extendió durante varios minutos y que arrancó aplausos al público y algunas bromas a los componentes del grupo.
Este carácter afable y familiar de los componentes de Artefactum, marca de la casa, ha hecho que el público no sólo se limite a escuchar con admiración lo que acontece en el escenario, sino que cobre simpatía y afecto personal hacia el grupo. Ayer, día de huelga general, escuchamos bromas sobre la posibilidad de dar un concierto “con servicios mínimos” e interpretando algo especial para la ocasión del Códice de las Huelgas. Además, junto al villancico final que sirvió de propina se ofrecieron, a modo de guiño simpático a la Semana Santa que ya se avecina, las célebres Saetas del Silencio (s. XVIII) –o los “pitos” del Silencio, que es como todo el mundo los llama– curiosos cuanto menos de escuchar con instrumentos medievales.
La iglesia de San Alberto, llena. La gente sabe que esto es un privilegio.
PS: Escuchado a una joven muy versada en instrumentos antiguos sentada detrás de mí: “El cromorno es así como... así como... marrón”.
Pocas obras musicales resultan tan trilladas como las célebres Cuatro estaciones de Antonio Vivaldi. Su programación en la presente edición del FEMÁS carecía, en principio, del interés novedoso de recuperación histórica que sí presentaba, por ejemplo, El Martirio de Santa Teodosia de Scarlatti, representado con éxito la semana pasada en la Sala Joaquín Turina. Sin embargo, había que acudir inexcusablemente a estas Cuatro estaciones por una razón de peso. Una razón, además, que tiene nombre y apellido: Amandine Beyer, uno de los mayores portentos del violín barroco de nuestros días como Hélène Schmitt, Rachel Podger, Viktoria Mullova, Giuliano Carmignola...
Beyer vino ayer a la iglesia de Santa Ana acompañada de su grupo Gli incogniti, con el que precisamente ha dejado ya un registro discográfico de estos populares conciertos vivaldianos. Fue su espléndido disco dedicado a Matteis el que me hizo conocerla y crearme una altas expectativas respecto de ella que en absoluto se vieron defraudadas ayer, sino todo lo contrario. Su presencia en Sevilla ha sido un auténtico acierto en esta edición del FEMÁS. El programa se inició con el magnífico RV 578a, el más serio que se escucharía, seguido por de un RV 420 en el que el protagonismo vino a recaer en el maravilloso violonchelo de Marco Ceccato. La primera parte concluyó con un animoso y encantador RV 114. En cuanto a Las cuatro estaciones, no he tenido oportunidad de escuchar su grabación en disco y por tanto no puedo hacer constar si hay cambios o discrepancias respecto a lo escuchado anoche, pero Beyer estuvo inmensa, enorme, tocando en todo momento de memoria, con un inteligentísimo y efectista uso del tempo rubato y ornamentando discreta pero hermosamente. Una auténtica maestra escoltada de un grupo reducido pero de enorme elasticidad y virtuosismo, que supo imprimir a la obra vivaldiana de la fuerza y apasionamiento en la sobre todo que se han hecho célebres las agrupaciones historicistas italianas en los últimos años.
Contribuyó al éxito, además, el lugar del concierto. Santa Ana es una iglesia grande en la que tiene cabida mucho público, y la acústica me pareció notablemente superior a la de otros grandes templos que acostumbran a ofrecer conciertos, como por ejemplo, la parroquia de la Magdalena.
Nota al margen: Hoy me he levantado con la buena noticia de que Cajasol hará posible que este año siga interpretándose el Miserere de Eslava gracias a una generosa donación de 20.000 euros. Un gesto muy apreciable.
Una de las citas ineludibles de la presente edición del FEMÁS era la actuación que ayer realizó Eduardo López Banzo con su conjunto Al Ayre Español en Cajasol. Se trataba del oratorio “Il martirio di Santa Teodosia” de Alessandro Scarlatti, con una voz de ensueño para el papel protagonista como es la de la gran María Espada, sin duda una de las mejores voces barrocas de la actualidad.
En Sevilla ya habíamos tenido la oportunidad de escuchar el tándem Banzo-Espada en el notable Orlando handeliano de hace algunos años en el Teatro de la Maestranza. En esta ocasión, la orquesta historicista se hallaba nutrida de algunos miembros de la Orquesta Barroca de Sevilla, y el sonido y la dirección fueron espléndidos en todo momento a pesar del susto de la rotura de uno de los instrumentos antes del inicio del concierto, que pudo solventarse con rapidez.
En cuanto a las voces, enorme Espada, como antes dije, llamando poderosamente la atención el bajo italiano Luigi Di Donato, que ya me causó una muy favorable impresión en el Orfeo monteverdiano del Real, tal y como escribí aquí. La voz es grande, oscura y poderosa y corre bien por las agilidades. De gran delicadeza resultó el tenor Fernando Guimaraes, cuyo timbre puede recordar en cierto sentido al de Juan Sancho. En conclusión, el nivel vocal fue tan elevado que lo más discutible fue el siempre notable Carlos Mena, que si bien supo ascender sin problemas encontró dificultades en el descenso, en el que la voz se tiñó de un timbre opaco y deslucido.
En suma, una gran noche en la que las altas expectativas se vieron superadas. ¿Algo negativo? La camisa rojo fosforita de Banzo.
PS: El centro cultural Cajasol ha sabido reaccionar muy positivamente al mal sabor de boca que dejó la falta de organización del concierto de Savall del año pasado. Las butacas, afortunadamente, están ahora numeradas. Por otra parte, vi carteles que anunciaban la interpretación del Miserere de Eslava, que como es sabido difícilmente tendrá lugar esta año en la Catedral. Así que los asiduos a ese concierto pueden sacarse la espina acudiendo a la Sala Joaquín Turina.
Magnífico concierto el que ofrecieron ayer el contratenor Dominique Visse y el clavecinista Nicolau de Figueiredo en el Convento de Santa Clara en el marco del Festival de Música Antigua de Sevilla. Confieso que aunque mis expectativas eran altas, salí sorprendido. Conocía sobradamente a Visse y le consideraba especialmente adecuado para papeles cómicos secundarios en la ópera barroca. Su capacidad para llegar a las notas altas (pensemos, por ejemplo, en un Jaroussky) y su buen sentido del teatro le hacen idóneo para papeles sobre todo femeninos. Sin embargo, aunque esta faceta divertida y algo payasa salió a relucir también anoche, la nota predominante fue distinta. Y es que Visse es más que un cantante divertido y ofreció algo que sinceramente no esperaba. Anoche demostró que es capaz de realizar lecturas de una profunda hondura emocional y psicológica, revistiéndolas además, insisto, de un innegable sentido del teatro. Tan sólo la Canzonetta spirituale alla nana (una nana de la Virgen al Niño) me pareció algo discutible, y no por el canto de Visse sino por el hecho de que aquí me parece obviamente preferible una voz femenina. A modo de propina, el Adagiati, Poppea, de Monteverdi, cuya sola mención ya hizo que el público se deshiciera en aplausos. Fue interesante, máxime cuando ya había escuchado a Visse abordar el papel de la nodriza en L’incoronazione de Poppea (DVD de Glyndebourne) pero no el de Arnalta.
En su crítica para Diario de Sevilla, Andrés Moreno Mengíbar describe en mi opinión muy acertadamente su canto. No puedo hacer sino suscribirme a sus palabras: el descenso es a veces comprometido y tiende a los sonidos nasales cuando asciende al agudo, aunque Visse es un tipo inteligente y convierte esta limitación en un elemento teatral y divertido en las piezas cómicas, como dejó patente con su divertida interpretación de La vecchia innamorata. A veces, de forma muy aislada, hay algún graznido, pero su canto fue anoche estupendo. Por su parte, Figuereido hizo mucho más que acompañar al clave y al órgano. No tiene las pintas ni las greñas de Visse, pero se mostró anoche como un portentoso virtuoso que supo compartir protagonismo –e incluso robarlo a veces– a la par del cantante.
Henry Purcell (1659-1695) Here the deities approve, de Welcome to all the pleasures (Oda a Sta. Cecilia, 1683) If musick be the food of love
William Byrd (1540-1623) The Lachrymae Pavian
Giovanni Felice Sances (1600-1679) Usurpator tiranno
Bernardo Storace (1637-1707) Passacaglia
Biaggio Marini (1594-1663) La vecchia innamorata
William Byrd The Third Pavian and Galliard
Henry Purcell O solitude
Giovanni Felice Sances Accenti queruli
Bernardo Storace Ciaccona
Henry Purcell I see she fly’s me Fairest isle, de King Arthur Musick for a while Suite en re menor 1. Allemande 2. Courante 3. Hornpipe
Barbara Strozzi (1619-1677) L’Eraclito amoroso
Tarquinio Merula (c.1595-1665) Canzonetta spirituale alla nanna
Esta semana me he llevado una alegría al leer en la prensa que, afortunadamente, el Ayuntamiento de Sevilla ha decidido casi con total seguridad mantener con carácter anual el Festival de Música Antigua, así como su actual presupuesto. Es una excelente noticia para melómano sevillano y para la ciudad en sí misma después de aquellas preocupantes declaraciones de la Delegada de Cultura en las que venía a sugerir que el FEMAS podría pasar a tener un carácter bianual.
Tras las críticas, creo que justificadas, hoy hay que ser justo y felicitar al Ayuntamiento hispalense por no dar la espalda a la cultura.
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