Arnold Östman (dir.); Ann Christine Biel (Fiordiligi); Maria Höglind (Dorabella); Lars Tibell (Ferrando); Magnus Linden (Guglielmo); Ulla Severin (Despina); Enzo Florimo (Don Alfonso). Coro y Orquesta del Teatro de la Corte de Drottningholm. ARTHAUS DVD.
Este es el primer DVD de Così fan tutte realizado con una orquesta de instrumentos originales. En los treinta años transcurridos desde su filmación se han multiplicado las opciones, naturalmente, y a día de hoy podemos encontrar muchas otras versiones historicistas de esta ópera superiores en calidad, aunque el trabajo de Arnold Östman al frente de la orquesta de Drottningholm no sólo no ha envejecido mal, sino que sigue conservando a día de hoy su carácter “radical” con el que buscaba sorprender en
Arnold Östman (dir.); Stuart Kale (Idomeneo); David Kuebler (Idamante); Ann Christine Biel (Ilia); Anita Soldh (Elettra); John-Eric Jacobsen (Arbace); Lars Tibell (Gran sacerdote di Nettuno); Olle Sköld (La voce). Coro y Orquesta del Teatro de la Corte de Drottningholm. ARTHAUS DVD.
Este Idomeneo de 1991 es, hasta donde sé, la última filmación que realizó Arnold Östman de una ópera de Mozart en el Teatro de la Corte de Drottningholm (Suecia). De hecho, ese año fue el último de Östman como su director, cargo que había ocupado en 1979. Durante la década de los ochenta revitalizó la actividad de ese teatro y adquirió cierta popularidad en gran medida gracias precisamente a estas grabaciones mozartianas en las que hacía gala de un historicismo que puede llegar a sonar revolucionario –y por qué no decirlo, chocante– incluso al oyente actual. Aunque sus lecturas son desiguales en calidad, es mérito de Östman haber sido claramente uno de los pioneros en aplicar el historicismo musical a la obra de
Arnold Östman (dir.); Stephan Dahlberg (Tamino); Ann Christine Biel (Pamina); László Polgár (Sarastro); Birgit Louise Frandsen (Reina de la Noche); Mikael Samuelson (Papageno); Birgitta Larsson (Papagena); Magnus Khyle (Monostatos), Petteri Salomaa (Orador); Anita Soldh / Linnéa Sallay / Inger Blom (Tres Damas); Elisabeth Berg / Ann Christine Larsson / Anna Tomson (Tres muchachos). Coro y Orquesta del Teatro de la Corte de Drottningholm. ARTHAUS DVD.
Ya he escrito un par de veces en este blog acerca del Mozart de Arnold Östman. El DVD que comento hoy es probablemente mi filmación favorita de las que registró en el Teatro de la Corte de Drottningholm entre los años ochenta y primeros noventa del pasado siglo.
Östman fue un pionero en llevar los instrumentos originales a las óperas de Mozart, y lo hizo en un teatro de la época del compositor que se mantiene intacto tal y como era en el siglo XVIII, con todos sus mecanismos de tramoya originales. Lo cierto es que globalmente Östman me parece un director bastante irregular. En líneas generales adolece de dirigir de forma un tanto mecánica y plana, y desde luego su punto flaco lo constituyen los fragmentos en los que debe expresar con su orquesta un especial patetismo o intensidad dramática. Como virtudes, que las tiene, su Mozart es luminoso y vivaz, y especialmente en lo que concierne a la ópera cómica sabe dirigir con pulso y sentido del humor. La orquesta, además, es de calidad, aunque la acidez de la cuerda es probablemente incluso superior a la de la Academy of Ancient Music de Hogwood. Manténgase lejos aquellos a los que les disguste esto.
Mi impresión es la de que Östman es un director poco uniforme. Sabe recrearse en la belleza sonora y mostrarse chispeante cuando es necesario, tirando siempre de tempi tan acelerados que incluso a los más historicistas de hoy podrían llegar a rechinarles. En contrapartida, y por expresarlo de manera sencilla, es poco comunicativo a nivel emocional. O a mí me lo parece.
En esta Flauta mágica, registrada unos años antes que su grabación en estudio con diferente reparto, el controvertido director está en general en estado de gracia. De hecho, esta ópera es sin duda de las que mejor han sonado bajo su batuta. Utiliza, como es de esperar, tempi rapidísimos, especialmente en las dos arias de la Reina de la Noche. Durante la primera sección de O zittre nicht la orquesta suena plana, sin transmitir en absoluto el patetismo que requiere la presentación de la mentirosa Reina ante Tamino. Esta escena es para mí claramente la más endeble orquestalmente de una lectura que en términos generales es muy disfrutable. Eso sí, sigo pensando que es una chorrada importante eso de ponerle casaca y peluca a los miembros de la orquesta. Cuando uno los ve en la obertura es inevitable pensar que estamos ante uno de esos espectáculos mozartianos para turistas que se hacen en Centroeuropa con vestidos de época, impresión que no hace justicia a lo que es la función en sí misma.
En cuanto a la puesta en escena de Göran Järvefelt, hay que decir que todo lo que vemos era posible en la fecha de la composición de la obra. El espacio escénico es muy reducido (es un teatro de pequeñas dimensiones) y lo vistoso no se consigue mediante decorados ampulosos, sino a través de los curiosos efectos de tramoya y cambios de decorados. Cada vez que se cambian los paneles se escucha ruido, pero hay que pensar que así eran las representaciones de ópera con las que Mozart estaba familiarizado, y lo cierto es que la cosa tiene en general mucha gracia. He aquí un vídeo que recuerdo haber puesto ya en otra entrada de este blog y que ilustra muy bien lo que ofrece visualmente este teatro:
La dirección escénica, a pesar de las obvias limitaciones de espacio, consigue momentos muy conseguidos en los números de conjunto, con frecuentes gestos de los cantantes ad spectatores, que en nuestro caso están dirigidos a la cámara.
En suma, tenemos aquí a una Flauta mágica idónea para aquellos que tengan curiosidad por ver cómo se hacía escénicamente una ópera en el tiempo de Mozart, y con un director de orquesta que aun teniendo una trayectoria irregular, nos da aquí probablemente la mejor versión de sí mismo.
En cuanto al reparto, como ocurre habitualmente con estas grabaciones de Drottningholm, este se nutre principalmente de cantantes suecos jóvenes y nada conocidos, que sin embargo cuadran bien con sus papeles. Stephan Dahlberg, que canta el Tamino, no posee la voz de tenor más cálida ni la más agradable al oído, pero consigue hacer de príncipe iniciado con mucha dignidad. Digamos que defiende con solvencia su parte, aun sin ser el Tamino ideal. Ann Christine Biel, por su parte, canta una Pamina que gustará más a los que estén familiarizados con las voces que se escuchan hoy frecuentemente en las grabaciones historicistas de las óperas del barroco que a aquellos otros que prefieran la tradición de un Mozart más “romantizado”. Dicho de otro modo, canta sin un ápice de vibrato, aunque en general no se le pueden poner demasiadas pegas a su intervención, más allá de una cierta y también relativa frialdad.
El punto fuerte del reparto es para mí el magistral Sarastro de László Polgár. Afirmo sin rubor alguno que está a la altura de lo mejor de la discografía, tanto por la calidad indiscutible del material vocal como por la credibilidad interpretativa del complicado personaje al que defiende. Su voz de bajo muestra aquí un timbre bellísimo y uniforme, sin entubamientos ni cambios de color en los terriblemente exigentes descensos al grave que exige el papel. Además, es el suyo un Sarastro humanísimo, muy lejos de aquellos otros intérpretes que conciben al sabio sacerdote como si fuera una especie de autómata inexpresivo. Lo dicho: un Sarastro redondo, que ya de por sí justifica el visionado de esta película. La lástima es que Östman no contara con Polgár para la posterior grabación en estudio. Es perfecto.
No puedo decir lo mismo, en cambio, de la Reina de la Noche de una apuradísima Birgit Louise Frandsen. Al margen de que la voz no da para mucho en un papel que exige cierta habilidad para la coloratura, debe plegarse a los aceleradísimos tempi de Östman en Der Hölle Rache, sin que el resultado sea convincente. Eso sí, todas esas prisas de la orquesta sirven para que los famosísimos fragmentos de coloratura de esa aria se asemejen a una especie de risa histérica y demoníaca. ¿Tenía Mozart esa intención al escribir? Tal vez. Desde luego es curioso. En el O zittre nicht, en cambio, el director ralentiza bastante toda la sección final si la comparamos con su propio registro en estudio (este último con Sumi Jo como Reina), sin duda para facilitar el trabajo de una cantante que aun así parece dar la impresión de verse sometida a todo un reto. Le doy el aprobado y nada más.
Mikael Samuelson tiene una voz fea, aunque desde el punto de vista visual es un Papageno idóneo, al que acompaña la histriónica Papagena de Birgitta Larsson. En cuanto a Monostatos, Magnus Khyle lo canta con una modesta voz a la que a veces incluso tapa la exigua orquesta. Sí que es muy bueno el Orador de Petteri Salomaa, y de hecho, creo que su escena con Tamino en el primer acto es uno de los puntos fuertes de toda la filmación. También funcionan espléndidamente las Damas y los Muchachos. Estos últimos pocas veces pueden resultar más encantadores que aquí.
Para cerrar la entrada, hay que decir que la calidad de imagen es modesta, más o menos como la de un VHS, aunque se ve bien. Precisamente creo que esta apariencia “antigua” da algo de encanto a la filmación.
Resumiendo, estamos ante un espectáculo que vocalmente ofrece un nivel medio –con excepción del sobresaliente Sarastro de Polgár– que resulta válido para producir un resultado disfrutable. Complementado el reparto con la eficaz dirección de la orquesta historicista y con lo curioso que resulta todo visualmente, el conjunto queda francamente muy bien. A mí me encanta esta Flauta.
Siempre tengo la costumbre de comenzar mis comentarios a filmaciones de óperas en DVD con un resumen del libreto y un enlace al mismo. Pues bien, en los casi tres años de existencia de este blog, esta es la segunda vez que ni siquiera en la imprescindible web Kareol he podido encontrar una traducción castellana. Ya me ocurrió en 2009 con el libreto de L’incoronazione di Poppea, problema que solventé traduciéndolo yo mismo y enviándolo a la web. Ahora, por lo que se ve, me toca hacer lo mismo con el de La finta giardiniera de Mozart. En cuanto termine la traducción y se publique en kareol pegaré por aquí el enlace, aunque me temo que para eso pueden faltar varios meses.
Procedamos, en cualquier caso, con el resumen argumental.
Acto 1: Hace tiempo que la marquesa Violante fue injustamente apuñalada en un ataque de celos de su prometido, el Condesito Belfiore. Éste, viéndola malherida, la abandonó y huyó, desconociendo que ella sobrevivió a sus heridas. Ahora, la marquesa, ya recuperada, busca de incógnito a Belfiore haciéndose pasar por la jardinera Sandrina en casa de Don Anchise, Podestà de Lagonero. Nadie allí conoce su verdadera identidad con excepción de su criado Roberto, que también se ha infiltrado con ella en el servicio del Podestà con el nombre falso de Nardo.
El Podestà se encuentra jubiloso porque es el día de la boda de su sobrina Arminda con el Condesito Belfiore, cuyo intento de asesinato, por supuesto, desconoce. El magistrado trata de cortejar a Violante-Sandrina, que le rechaza, pues pese a haber sido atacada por Belfiore, aún le ama. Serpetta, una de las criadas –de las de verdad– desea seducir al Podestà y le cobra antipatía a Sandrina, a quien considera su rival. Nardo, por su parte, desea a Serpetta, que le ignora, tan centrada como está en cortejar al Podestà impidiendo que este permanezca a solas con Sandrina. También aparece por allí un amigo del Podestá llamado Ramiro, que se muestra melancólico porque su amada le ha abandonado.
(Nota entre paréntesis: quizá haya que releer varias veces el párrafo anterior para que se comprenda, porque la verdad es que es todo un jaleo endogámico).
Llega la novia, Arminda, y desde el primer momento se muestra como una muchacha caprichosa, contestona y con las manos bastante largas. Amenaza a Belfiore, una vez que se ha personado ante ella, con tratarle a bastonazos si le descubre infiel. Cuando ella revela a Sandrina la identidad del novio, la falsa jardinera, que ve frustradas sus expectativas de volver a conquistarle, se desmaya. Belfiore corre en su auxilio, momento en el que reconoce en ella los rasgos de Violante, a quien creía asesinada por él mismo. Sandrina vuelve en sí y se niega a revelar su identidad, dejando a todos confusos.
Acto 2: A Arminda no le ha hecho ninguna gracia que su futuro marido quede tan perplejo al observar el rostro de una de las jardineras, por lo que, presa de los celos, se muestra colérica con él. Nardo, por su parte, persiste en intentar seducir a Serpetta, sin éxito. Cuando el Podestá se dispone a hacer lo mismo nuevamente con la pobre Sandrina entra Ramiro para entregarle una orden de arresto contra el Condesito Belfiore por haber asesinado a la marquesa Violante. El Podestá le interroga y el joven se derrumba, aunque en ese momento irrumpe Sandrina y declara que ella es la marquesa en persona, vivita y coleando. Tras esto, Arminda, que desea mantenerla lejos de su amado, la secuestra y la abandona de noche en un lugar del bosque.
Sola en el bosque y desorientada por la oscuridad, Sandrina se muestra atemorizada por los ruidos nocturnos y se refugia en una cueva. Todos los personajes, sin excepción, se personan en el lugar, unos para buscarla y otros por curiosidad. Una vez que la muchacha ha sido hallada, todos se vuelven contra ella y contra Belfiore. El Podestà está celoso de que ella prefiera al Conde y la joven pareja acaba volviéndose literalmente loca.
Acto 3: De nuevo en casa del Podestá, a Nardo le toca sufrir las locuras de los enajenados Sandrina y Belfiore. Por su parte, Ramiro insiste ante el Podestá en casarse con Arminda, que es la antigua amante que le abandonó. Ella, que pese a todos los acontecimientos sufridos sigue queriendo celebrar su boda con Belfiore, le rechaza.
Tras quedar sumidos en un profundo sueño, Sandrina y Belfiore despiertan nuevamente cuerdos. Ella ratifica nuevamente su verdadera identidad, y aunque por un momento rechaza los intentos seductores de Belfiore, finalmente acaba cediendo. Por ello, a Arminda ya no le queda más remedio que acabar casándose con Ramiro, y Serpetta cambia de opinión con respecto de Nardo en cuanto descubre su verdadera identidad de Roberto. Sólo el Podestà permanece soltero, en espera de que una nueva Sandrina se cruce en su vida.
Wolfgang Amadeus Mozart estrenó La finta giardiniera (La jardinera fingida) con motivo del carnaval de Múnich de 1773, aunque el estreno se vio aplazado al día 13 de enero, fecha en la que también se preparaba una reposición del Orfeo y Eurídice de Gluck. El joven compositor tenía diecisiete años, y ya en esta obra se observan atisbos del genio teatral que le llevaría a escribir sus grandes óperas. De la biografía de Paumgartner tomo unas palabras de un tal Christian Daniel Schubart pertenecientes a la “Teutsche Cronik” (Crónica alemana) de 1773: “He oído una ópera buffa del maravilloso genio Mozart; se titula La finta giardiniera. Llamaradas de un genio surgían aquí y allá. Pero todavía no es la callada lumbre del altar que se eleva hacia el cielo en nubes de incienso, delicioso perfume de los dioses. Si Mozart no es una planta criada en invernadero, tiene que convertirse en uno de los más grandes compositores que jamás hayan existido”.
El libreto de Giuseppe Petrosellini se basa en la clásica idea de construir la acción de modo que al final todas las parejas se recompongan en su orden lógico, roto durante el desarrollo de la trama. La finta giardiniera es una ópera hacia la que el público ha experimentado un interés creciente en las últimas décadas. Sin duda, parte de la culpa de que haya permanecido relegada a un segundo plano durante tanto tiempo se debe al hecho de que el primer acto permaneció perdido hasta la década de los años setenta. Por esta razón evidente, la hoy casi olvidada versión alemana (Die Gärtnerin aus Liebe) gozó quizá de mayor popularidad hasta esa época.
Hace algo menos de un año que me referí en el blog a las filmaciones de óperas de Mozart que realizó Arnold Östman en Drottningholm durante la década de los años ochenta y los primeros años de los noventa. En aquella ocasión, como se recordará, comenté una notable versión de El rapto en el serrallo, y con esta Finta ahora le toca el turno a otra de las filmaciones más destacadas del teatro sueco. Junto con el referido Rapto y La flauta mágica, es lo mejor que hizo Östman en DVD (o vídeo, para la época). Además, ocurre que ya he comentado en el blog alguna filmación de todas las óperas de Mozart que se consideran “grandes”, o por decirlo de otro modo, de madurez. Le toca el turno, por tanto, al Mozart (más) juvenil, cuyas óperas son desdeñadas por muchos aunque no están precisamente exentas de encantos.
Como ocurre siempre en estas filmaciones del Teatro de la Corte de Drottningholm, lo que el espectador encontrará es una versión “ultra-historicista” en la que no sólo tenemos a una orquesta propia de instrumentos originales, sino que todos los decorados, mecanismos de tramoya y vestuario son los propios del siglo XVIII. Y es que es una maravilla el hecho de que este teatrito sueco haya podido conservarse intacto hasta el día de hoy. Estas filmaciones son quizá los más cerca que podamos estar de observar el tipo de espectáculos que Mozart acostumbraría a presenciar. Y aunque sea salirme un poco del tema de La finta giardiniera, no puedo dejar de pensar en que ojalá fuese posible algo similar en el Teatro de los Estados de Praga, ese que acogió los estrenos de Don Giovanni y de La clemenza di Tito. Ojalá asumiese su dirección alguien –como Östman en Drottningholm- capaz de convertirlo en lo que realmente se merece, que no es ni más ni menos que ser un teatro de referencia en lo que se refiere a la interpretación de óperas del barroco y del clasicismo, dándole además salida comercial por medio de grabaciones y filmaciones.
Por tanto, ¿qué se puede decir del montaje de esta Finta? Pues que es obviamente clásico. Se utilizan paneles y los cambios de decorado se realizan de la forma más “artesanal”. Con todo, esta Finta es bastante colorista visualmente y satisfará a aquellos que busquen una versión visualmente convencional. También la dirección escénica está bien resuelta, prácticamente sin carreritas innecesarias y con toques de humor que van en plena consonancia con el libreto. Quizás sólo esté de más la discutible decisión de permitir a los cantantes saludar y recibir los aplausos del público detrás de cada número aplaudido. Fue uno de los últimos trabajos de Göran Järvefelt, fallecido un al año siguiente.
Como ocurría con El raptoque comenté el año pasado, el reparto se integra básicamente de cantantes suecos prácticamente desconocidos que cumplen bastante bien con lo suyo.
El papel de Sandrina (Marquesa Violante) corre a cargo de Britt-Marie Aruhn. No es un papel que alcance ni de lejos la dimensión trágica de la Condesa o de Pamina, pero la soprano me convence tanto en lo estrictamente técnico –apartado en el que no me cansaré de repetir que no soy un experto conocedor– como en su enfoque del personaje como un rol con atisbos trágicos aunque no exento de una obvia faceta buffa. ¿Se imagina acaso a alguien a Pamina enloqueciendo cómicamente como Sandrina y haciendo payasadas en el escenario?
Más cómico si cabe es el papel de Belfiore, aunque esa comicidad, dirigida a que el público le cobre afecto al personaje, se vuelve a mi entender bastante siniestra tratándose como se trata de casi un asesino. Pero el libreto “justifica” el apuñalamiento de Sandrina como un acto motivado por un arranque de celos y recurre a pintarnos el personaje como alguien simpáticamente patoso. Ni siquiera se profundiza en el más que posible sentimiento de culpa de Belfiore, al tratarse ésta de una obra cómica. Vamos, que el personaje se nos vende como alguien casi tierno y gracioso y que a mí no me despierta la menor simpatía. Nuestro tenor es Richard Croft, de quien ya hablé a propósito de su espléndido Belmonte el año pasado. Y lo cierto es que aquí vuelve a estar fantástico. No es un tenorcillo de esos que abordan a veces estos papeles, es un tenor. Y mira que no me terminan de convencer algunas de las cosas que ha grabado Croft, pero estas grabaciones juveniles son una absoluta delicia. ¡Y qué bien hace de loco! En el recitativo que abre el tercer acto (“Olà, olà; dove, dove si va”) está descacharrante.
El que no convence vocalmente es Stuart Kale como Podestà, cuya voz muestra antiestéticos cambios de color a lo largo del registro, tendiendo a engolarse a medida que asciende por el pasaje. El resultado es que el ascenso suena poco varonil y bastante antimusical. Y la verdad es que la voz, por lo demás, tampoco es que sea gran cosa. Eso sí, teatralmente es el más simpático del reparto, exhibiendo toda una colección de muecas y gestos graciosos que hacen que uno se divierta cada vez que entra en el escenario.
Las dos parejas de secundarios son desiguales, convenciendo mucho más la de Arminda y Ramiro que la formada por Serpetta y Nardo. Eva Pilat (Arminda) está intachable vocalmente y muy simpática en lo escénico, sabiendo retratar a la perfección la faceta caprichosa, coqueta e irascible del personaje. Annika Skoglund, por su parte, es un Ramiro cantado de forma muy convincente aunque también muy femenino, tratándose como se trata de un papel para castrato (Tomaso Consoli fue el Ramiro del estreno). Tan es así que lo subtítulos del DVD se refieren siempre erróneamente a ese personaje como a una mujer. Por alguna razón inexplicable, Östman traslada al segundo acto su aria del pájaro acto primero (“Se l’augellin sen fugge”).
Más modestos vocalmente son, como decía, la pareja de Serpetta y Nardo. Ella (Ann Christine Biel) no tiene una gran voz, pero es una soubrette adecuada para el papel. Por cierto que este personaje es otro de los que caen mal: no está enamorada del Podestà, sino que busca escalar socialmente, tal y como queda demostrado con el hecho de que no le vale Nardo, pero sí Roberto, a quien probablemente tampoco ame. Y nuestro Nardo-Roberto es un Petteri Salomaa de bella voz aunque de muy tosca línea de canto.
En cuanto a la dirección, todo lo que dije el año pasado sobre Arnold Östman es extrapolable sin problemas a la presente entrada. Es cierto que se echa de menos una mayor carga dramática en los trabajos de este hombre, pero no lo es menos que La finta giardiniera no es Don Giovanni. Además, su tendencia a los tempi muy rápidos –algo que se observa ya desde la obertura- encaja estupendamente con esta ópera, transmitiendo fácilmente al público el carácter desenfadado y frenético de la partitura. Por lo demás, me sigue pareciendo una chorrada importante lo de vestir a la orquesta con ropas de época. Ah, y hay omisiones y mucha tijera en los dos primeros actos. Concretamente, los recitativos se abrevian y se elimina lo siguiente:
“Noi donne poverine” (aria de Sandrina).
“A forza di martelli” (aria de Nardo).
“Da Sirocco a Tramontana” (aria de Belfiore).
“Care pupille” (aria de Belfiore).
“Una voce sento al core” (aria de Sandrina).
“Una damina, una nipote” (aria del Podestà).
“Dolce d’amor compagna” (aria de Ramiro).
Visualmente, la filmación tiene una aceptable calidad propia de la época, más o menos similar a la de un VHS, lo cual tiene, al menos para mí, un cierto encanto. Eso sí, hay alguna superposición de imágenes que resulta de los más anticuado.
La finta giardiniera no es una ópera de madurez de Mozart, pero cuando se presenta en una versión que, como esta, tiene más virtudes que defectos, puede alegrarle la tarde a cualquiera.
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