Anoche se repitió en el Teatro de la Maestranza una espléndida noche de danza clásica con el Ballet Nacional de Cuba. Si hace unos días se ofrecía Giselle, ayer le tocó el turno a la más cómica y familiar Coppélia. Uno de los aspectos más notables de la danza, al menos en Sevilla, es que atrae a familias al completo, y es mucho mayor el número de niños asistentes que los que acuden a la ópera o a otros espectáculos. He percibido esto ya en varias ocasiones, y ayer ocurrió nuevamente.
A nivel escénico, esta Coppélia iba en la misma tónica de Giselle: decorados simples y con ninguna pretensión realista, aunque en este caso fueron obviamente de mayor colorido, casi de función escolar (dicho esto sin ningún sentido negativo). Viengsay Valdés fue una Swanilda llena de gracia y picardía, absolutamente adecuada para el papel, y Victor Estévez (Franz) se ganó con creces los grandes aplausos del público merced a auténticas acrobacias que a mí, bastante profano en lo que a materia de danza se refiere, me parecen admirables. Muy simpático el Coppélius de Féliz Rodríguez, que deambuló todo el tiempo por el escenario a paso corto y rápido, como si de un insecto se tratara. Sensacional también el cuerpo de baile, que encontró su momento de especial lucimiento en el tercer acto, en el que se dibujaron en el escenario las estampas más hermosas de la noche.
Gran aplauso del público al término de la función y ovación en pie al salir a saludar Alicia Alonso, ataviada con el mismo vestido azul brillante de la noche de Giselle.
Como en Giselle, la única forma de mejorar el espectáculo de anoche hubiera sido contando con la presencia de la ROSS en el foso, en lugar de tener que acudir a la música grabada.






