viernes, 30 de septiembre de 2011

Rigoletto (Wixell, Gruberova, Pavarotti - Chailly)

Toca seguir con Verdi en mi ópera del mes en DVD. Como siempre, comienzo con un breve resumen del libreto:

Acto 1: El joven y lascivo Duque de Mantua celebra una fiesta en la que trata de seducir a la esposa del Conde de Ceprano, que además de presenciarlo todo debe soportar las maliciosas y humillantes burlas de Rigoletto, el bufón jorobado del Duque. La fiesta es interrumpida por la aparición del Conde de Monterone, furioso contra el Duque, a quien acusa de haber deshonrado a su hija. También Rigoletto se burla de él, lo que motiva que Monterone, justo antes de ser arrestado, le maldiga junto con el Duque.

Impresionado, Rigoletto abandona el palacio ducal y se encuentra por casualidad con Sparafucile, un asesino a sueldo que le ofrece sus servicios para acabar con sus enemigos. El sicario explica al bufón que suele matar bien en la ciudad, bien en su propia casa, adonde su hermana atrae a las víctimas bailando por las calles. Cuando Sparafucile se retira, Rigoletto, a solas consigo mismo, aún siente el estremecimiento de la maldición de Monterone y manifiesta su desprecio hacia el Duque y los cortesanos para los que trabaja. Cuando llega a casa se encuentra con su hija Gilda, cuya existencia oculta celoso por miedo a que sea deshonrada para causarle burla. Convertido en un padre preocupado y cariñoso, pide a Giovanna, el ama de Gilda, que cuide bien de ella en todo momento.


Cuando Rigoletto se marcha, Gilda se recrimina no haber sido del todo sincera con su padre al ocultarle sus sentimientos hacia un joven desconocido al que suele ver en la iglesia. Ese joven es en realidad el Duque disfrazado, que soborna a Giovanna para que le permita el acceso a la casa y poder cortejar así a la muchacha. De este modo, el Duque engaña a Gilda afirmando que no es más que un estudiante pobre llamado Gualtier Maldè y le confiesa su amor. Sin embargo, el ruido de alguien acercándose le obliga a retirarse. Quienes se acercan son un grupo de cortesanos encabezados por Marullo y Ceprano, que aún está resentido por las burlas que le dirigió Rigoletto esa misma tarde. Todos ellos se han propuesto reírse a costa del bufón entrando en su casa y raptando a Gilda, a quien creen su amante. Cuando aparece Rigoletto, los cortesanos afirman que están allí para secuestrar a la esposa de Ceprano, y el bufón, encantado de tomar parte en la burla, pide una máscara para ocultar el rostro y así poder tomar parte. Rigoletto es vendado y él mismo sostiene la escalera por la que Gilda es raptada.


Acto 2: El Duque de Mantua ha descubierto la desaparición de Gilda y se lamenta por la pérdida de la primera mujer por la que ha albergado sentimientos más o menos próximos a un amor constante. Cuando los triunfantes cortesanos le narran el modo en el que raptaron a quien creían la amante de Rigoletto la noche anterior, él descubre que se trata realmente de Gilda y corre hacia ella para hacerla suya. Entra después Rigoletto, esforzándose patéticamente en parecer animado. Ante la presencia de quienes sabe que son los captores de su hija, pasa de las amenazas a las súplicas, hasta que Gilda abandona la habitación del Duque para encontrarse, avergonzada, con su padre. Desde ese momento, el bufón centra su ira contra el Duque, consciente de que acaba de poseer a su hija con engaños. Cuando observa el traslado de Monterone a la prisión, jura ser él el instrumento que haga cumplir su maldición contra el Duque.


Acto 3: Ha pasado un mes y Rigoletto ha contratado a Sparafucile para que acabe con el Duque. Gilda, que pese a todo aún le ama, observa desde el exterior de la posada del asesino el modo en el que el Duque acude allí para cortejar a Maddalena, su hermana. Rigoletto ordena a su hija que se marche inmediatamente a Verona vistiendo ropas de hombre, pero ella se esconde y continúa observando. Se desata una tormenta en el cielo. Cuando el Duque se retira a descansar, Maddalena, enamorada ahora de él, suplica a su hermano que no le mate, y ambos acuerdan que si alguien pide cobijo en la posada antes de medianoche será apuñalado en su lugar y entregado en el interior de un saco al bufón. Gilda lo oye todo y decide morir para salvar la vida del Duque, por mucho que ahora sabe de su carácter voluble. Llama a la puerta y es inmediatamente apuñalada y envuelta en el saco. Rigoletto aparece a medianoche y se regocija al ver el cadáver de quien cree que es el Duque. Sparafucile, que no desea que el bufón descubra el engaño, se dispone a arrojar el cadáver al agua, pero Rigoletto manifiesta su voluntad de ser él mismo quien se deshaga del cuerpo de su enemigo. A solas con el cadáver, escucha la voz del Duque, que ha despertado, en el interior de la posada. Consternado, descubre a su propia hija, que aún agoniza, dentro del saco. Cuando Gilda muere en sus brazos, Rigoletto recuerda la maldición de Monterone.

Traducción al castellano del libreto en kareol.

Estrenada en el Teatro la Fenice de Venecia en 1851, Rigoletto marca, junto con la posterior Il trovatore, un período de evolución en las óperas de Giuseppe Verdi en las que la ruptura de la scena musical abre paso a una nueva forma de discurso operístico que favorece el realismo de los personajes. Para materializar este paso a una mayor madurez compositiva, Verdi entrega el protagonismo a un verdadero antihéroe deforme, burlón y malvado, en cuyo perjuicio revierten sus propias malas acciones. La intención transgresora de la obra recuerda notablemente al Don Giovanni mozartiano, cuyo personaje principal, también un barítono, comparte precisamente estas características de maldad, burla y castigo. El libreto de Francesco Maria Piave se basa en Le roi s’amusse de Victor Hugo, aunque la censura obligó a trasladar la acción desde la corte de Francisco I de Francia, en la que acontece la historia original, al ducado de Mantua. Era época de revoluciones y no interesaba ofrecer la imagen de una monarquía corrupta. Si yo hubiera sido Piave está claro que habría puesto a don Claudio Monteverdi como personaje. En cualquier caso, Rigoletto también es un excelente exponente del interés de Verdi por explorar en sus óperas, más allá del consabido patriotismo que le catapultó a la fama, la psicología de personajes complejos y que en su momento podían ser tachados de marginales o inmorales. Este juicio severo es aplicable a todos los personajes de Rigoletto con la salvedad de Gilda y, si acaso, Monterone. Otro tanto ocurre, por ejemplo, en La traviata, también con libreto de Piave, en la que el personaje de moralidad más intachable es una cortesana de lujo.

En cuanto a la música, se dice que Verdi compuso Rigoletto en tan solo cuarenta días (el encargo, bastante ajustado de tiempo, era de tres meses). Rossini, como es sabido, hizo hazañas mayores en lo que se refiere a la capacidad de escribir bien y con prisas. Gran parte de la popularidad de la obra se debe al encanto de sus melodías, fáciles de escuchar y siempre bien descriptivas de los sucesos que acontecen en escena y de la personalidad de quienes los protagonizan. Véase, por ejemplo, la tormenta del último acto, en el que el coro, exclusivamente masculino, es utilizado inteligentemente para simular el lóbrego soplar del viento. En lo que se refiere a los personajes en sí mismos, el jorobado protagonista cuenta con tres momentos de gloria: el primero de ellos es su reflexión personal sobre la crueldad del destino y la frivolidad de la corte (Pari siamo), que nos revela que el bufón no es sólo el ser cruel que hasta entonces hemos visto, sino que también es capaz de sentir, de lamentarse, y de amar con candor a su hija. Ello contrasta enormemente con su Cortegiani, vil razza dannata, una violenta amenaza dirigida a los captores de Gilda que concluye en humillación y lágrimas, en una prodigiosa habilidad para recrear la psicología de un hombre derrotado y asustado. A ello le sigue su “Tremenda vendetta”, otro arranque de furia que la dulce Gilda es incapaz de contener.


A Gilda le está reservado el Caro nome, que requiere al final de una soprano con ciertas habilidades de coloratura en lo que no deja de ser un guiño a lo que hasta entonces había sido la tradición operística italiana y que aparece totalmente aislado en la partitura de Rigoletto.

En lo que atañe al Duque, Verdi le entrega, además de las populares Questa o quella y La donna è mobile, melodías sinuosas e insinuantes en sus escenas de seducción, que bien cantadas por una voz adecuadamente lírica resultan encantadoras al oído. Una de mis escenas favoritas es precisamente el cuarteto Bella figlia dell’amore, en el que cada uno de los personajes muestra y canta algo diferente, de conformidad a sus propios sentimientos: el Duque se muestra seductor, Maddalena divertidamente reacia, Rigoletto ansioso de venganza y Gilda horrorizada por el desengaño.

Ya hemos tenido oportunidad de comentar ampliamente otras películas de Jean-Pierre Ponnelle en este blog (véanse las entradas del año pasado dedicadas a Madama Butterfly, a Il barbiere di Siviglia y a La Cenerentola). Lo cierto es que su filmación en escenarios reales de Rigoletto de 1982, que parte de su producción de 1973 para la Ópera de San Francisco, es la que me parece más discutible de cuantas llevo vistas. Ponnelle peca, a mi parecer, de defecto y de exceso de ideas. Muestra al bufón abrazando a su hija muerta mientras suena el tétrico preludio que abre la obra, adquiriendo la totalidad de la historia la condición de un flashback de algo que ya ha sucedido. El prólogo funciona más o menos a manera de ensoñación, situando la muerte de Gilda en el palacio ducal y no en el río Mincio, ante la casa de Sparafucile, resaltando así la importancia de la maldición de Monterone. Ahora bien, la idea de empezar por el final ya había sido desarrollada con mejor fortuna en otras ocasiones: Franco Zeffirelli hizo exactamente lo mismo en su filmación de La traviata del año anterior, y hasta el propio Ponnelle había llevado a cabo ya esta idea diez años antes en su Butterfly, que se abría en blanco y negro con una enigmática carrera de Pinkerton que sólo se explica al final de la filmación cuando el espectador observa el modo en el que muere la protagonista. Sin embargo, el problema que se presenta en este Rigoletto no es la falta de originalidad, sino más bien un descubrimiento prematuro del desenlace que resulta total y absolutamente injustificado y que molestará a quienes decidan introducirse en esta ópera por primera vez con esta versión. La referidas alusiones a los desenlaces de La traviata y de Madama Butterfly en las filmaciones que comentaba de ambas óperas distan mucho de ser tan explícitas, manteniéndose en la mente del espectador como una información enigmática que sólo cobra sentido cuando se ha llegado al final.


Comenzado el primer acto, lo que el espectador encuentra no es un baile en la corte ducal de Mantua, sino más bien una alocada y recargada orgía llena de personajes grotescos. Ceprano tiene el rostro desfigurado y su esposa, a quien el Duque considera atractiva, aparece maquillada como un cadáver. Resultan molestos los continuos ruidos de risas en estas escenas de la corte, especialmente en el Scorrendo uniti del segundo acto. La entrada de Monterone es cuanto menos sorprendente por cuanto está cantado e interpretado por Ingvar Wixell, nuestro Rigoletto. Ponnelle trata de transmitir aquí un mensaje interesante: por mucho que ambos personajes se nos aparecen como antagónicos, se trata de padres que sufren y que juran venganza por la humillación de sus hijas a manos del Duque. De este modo, Ponnelle acrecienta en el espectador la sensación de culpa de Rigoletto al reírse de Monterone. Algo así es imposible en el escenario, por el hecho de que ambos cantantes deben, obviamente, coincidir en escena.


El posterior y primer encuentro del bufón con el asesino Sparafucile no termina de estar bien resuelto. Ponnelle viste a ambos con ropas más o menos similares (recordemos el Pari siamo, que sigue inmediatamente a la escena), pero rompe definitivamente el lúgubre clima de la conversación haciendo que Rigoletto comience a “bailar” de forma extraña, como si le agradara haber dado con el sicario (E come in casa?). No es la única vez en la que Ponnelle yerra, en mi opinión, en esta versión introduciendo elementos cómicos que resultan inoportunos. Otros ejemplos lo constituyen los graciosos gestos de Giovanna, totalmente injustificados, durante la despedida del Duque y de Gilda o el hecho de que Rigoletto acabe el primer acto colgando del balcón de Gilda como si fuera un chorizo. En otras ocasiones, Ponnelle se arriesga y acierta, por ejemplo cuando muestra con imágenes los pensamientos y los miedos del protagonista, del mismo modo que lo había hecho en su Butterfly en el largo interludio orquestal del último acto. Hay escenas que desmerecen mucho en comparación con otras más logradas, haciendo de este Rigoletto una filmación de calidad más bien poco uniforme: la interpretación actoral de Gruberova hace aguas (“Quanto dolor!”) y su Caro nome no está filmado precisamente de modo inteligente. Parece como si Ponnelle hubiera dejado la cámara apuntando al balcón desde el que canta Gilda y se hubiera marchado a tomar un café. Por último, hay algunas ideas muy discutibles, como la de presentar a Rigoletto en la misma habitación que Gilda en el segundo acto. En teoría, ella debe ir corriendo a buscarle desde el interior del dormitorio del Duque, pero en esta filmación, la cama se encuentra a la vista de Rigoletto, aunque tapada con unas cortinas. Resulta de todo punto inverosímil que la muchacha no escuche el escándalo que organiza el bufón con los cortesanos. Por último, el libreto señala que Rigoletto recibe el cadáver de su hija de manos de Sparafucile a medianoche, pero en esta película está amaneciendo cuando se dispone a arrojar el saco al agua y descubre que ha sido engañado. ¿Hay que suponer que Rigoletto ha estado paseándose siete u ocho horas con el cadáver pese a la advertencia del asesino de que tuviese cuidado de no ser visto?

Me gusta Ponnelle, pero en este Rigoletto hay excesivos elementos discutibles que privan a la filmación de estar a la altura de otros de sus logros.


Vayamos con las voces. Ingvar Wixell es, como decíamos, el Rigoletto del que nos toca hablar. Es obvio que el barítono sueco pone con buena intención toda la carne en el asador, que no es mucha. Su voz, simplemente, no es especialmente agradable ni musical al oído, y flaquea de forma especial en los momentos más introvertidos en los que se le requiere de cierto lirismo y delicadeza, como el final del Pari siamo o el Piangi, fanciulla. Wixell encarna así a un Rigoletto violento y cruel, despojado casi por completo de gracia y delicadeza en un papel que, así, pierde buena parte de su riqueza de matices. Sus medios vocales le sitúan, en suma, muy lejos de intérpretes de referencia como el llorado Cornell MacNeil o Dietrich Fischer-Dieskau.

Edita Gruberova es, por su parte, una mucho más convincente Gilda, cantada de forma angelical de modo que no busca sino transmitir dulzura en todo momento, llegando a caer en mi opinión en el exceso de azúcar. Gruberova es una lírico-ligera con aptitudes para la coloratura, lo que la hace válida para el papel, aunque se echa de de menos un mayor peso dramático en su interpretación. Ponnelle incide en el carácter inocente del personaje vistiéndola de un blanco permanente. Su peinado se asemeja al de cualquier retrato de Simonetta Vespucci de Botticelli. Y es que Gilda no es sólo inocente, sino que para mí es quizás el personaje más bobo de la historia de la ópera, o al menos de cuantas servidor lleva escuchadas. Encarna el típico retrato de mujer vulnerable a la sombra de los hombres, que son los que impulsan la acción, sin que a ella le corresponda otro papel que el de provocar lástima. El Duque se aprovecha de ella en presencia de su padre, y después, aunque la chiquilla descubre la verdadera identidad de aquél y que no la ama realmente, se hace matar por él dejando sólo a su padre. Es como esas chicas de las películas de 007 que son bonitos floreros y poco más, y que cuando deben ejercer un papel activo, como el de pulsar un botón del que depende la supervivencia de alguien, lo hacen mal en un intento de mostrar candidez. Si Gilda hubiese sido Salomé se habría entendido sin duda perfectamente con su padre.


Luciano Pavarotti es el más destacado de esta filmación en uno de sus papeles más solicitados: el Ducca. Su histórica voz, inconfundible, parecía moldeada para papeles como éste o el Rodolfo de La Bohème. De hecho, Lucianone es, junto con el grandísimo Alfredo Kraus, mi referencia en este papel. En 1982, Pavarotti había salido ya de alguna crisis vocal a mediados de los setenta y mostraba unos medios sobresalientes para dibujar un grandísimo Ducca, sin acusar todavía el desgaste vocal que se aprecia en otros de sus registros posteriores de Rigoletto. Su bellísimo timbre, luminoso e insinuante, simplemente derrite en las escenas de seducción (Partite? Crudele!; È il sol dell’anima; Bella figlia dell’amore). El agudo es insultantemente seguro y cómodo en su apariencia, squillante y sin portamenti. Sus escenas de carácter (Ella mi fu rapita y Possente amor mi chiama) están resueltas con gran brillantez. La grabación le reportó el Emmy de la American Academy of Television Arts.

El Duque, cuyo nombre real ignoramos, encarna a la perfección el hedonismo y la despreocupación del libertino poderoso que toma cuanto se le antoja sin reparar siquiera en las consecuencias emocionales que pueden suponer sus actuaciones para otras personas. Ponnelle y Pavarotti entienden bien al personaje y explotan la faceta más histriónica de éste, presentándolo como un ser falso y lascivo que roza la comicidad. Resulta impagable poder ver a Pavarotti saltando desde lo alto de un árbol y diciendo “T’amo” mientras mira fijamente a cámara.


En cuanto a los secundarios, tenemos aquí a un joven Ferruccio Furlanetto en el papel de Sparafucile. Está mejor en el primer acto que en el tercero, donde se vuelve algo más brusco. Ponnelle lo retrata como un hombre necesitado urgentemente de un baño y de una larga y dolorosa visita al dentista. La Maddalena de la mezzo chilena Victoria Vergara está bien defendida vocal y actoralmente. Se nos muestra como una mujer de escasos encantos físicos, poniendo así de manifiesto que al Duque, como a Don Giovanni, no le importa más que el hecho de que lleve falda para cortejarla. Ella misma reconoce ser fea, lo que contradice la información dada por Sparafucille a Rigoletto en el primer acto (È bella), que parece así más encaminada a hacer negocio que a mostrar la realidad. Por último, Marullo está por alguna razón cantado e interpretado por personas diferentes. En lo vocal, Bernd Weikl está correcto sin más, y en el apartado interpretativo Louis Otey resulta totalmente irritante, hasta el punto de que uno espera que Rigoletto se vuelva definitivamente loco en el acto segundo y acabe con él, al menos para que deje de poner esas muecas teatrales.

Muy bien el Coro de la Ópera de Viena, aquí exclusivamente masculino, dirigido por Norbert Balatsch. Riccardo Chailly, por su parte, hace que la Filarmónica de Viena suene tan bien como cabía esperar, de manera especial en la despreocupada fiesta del primer acto.













lunes, 12 de septiembre de 2011

Saludable fin de ciclo


La presente edición del ciclo de conciertos Noches en los jardines del Real Alcázar se cerró ayer con la actuación del grupo medieval Artefactum, que acudió con el mismo programa (Taciunum sanitatis: músicas para el buen vivir) de los días 1, 15 y 29 aunque ofreciendo diferentes matices y sorpresas que convierten a cada una de sus actuaciones en algo diferente. Con otros artistas, uno se contenta con mirar un calendario y elegir una fecha para asistir, pero Artefactum, haciendo gala de una “perversa” inteligencia (léase en sentido cómico) ha optado por ofrecer siempre algo nuevo o distinto, lo que también ha supuesto un incentivo para la asistencia a cada una de sus actuaciones. Naturalmente, el público, el mismo público, que no es tonto, responde con entusiasmo y sigue al grupo más o menos como Homer Simpson seguía a la Costiburguer. La consecuencia es que, entre quienes repiten y quienes acuden por primera vez, las entradas vuelan. Ayer se dijo que llevaban una semana agotadas.

Como ya anticipé, el gran incentivo de esta última actuación lo constituía escuchar al grupo en formación de quinteto gracias a la presencia de Francisco Orozco, que además de ser un notable intérprete de las cuerdas pulsadas sabe cantar con una voz de tenor muy adecuada al repertorio que por alguna razón pierde color en el ascenso al agudo salvo cuando canta en forte. En cualquier caso, si algo queda claro es que Orozco comprende exactamente la música que ha de interpretar y sabe dar el enfoque adecuado, ora solemne, ora desenfadado, que cada momento exige. Un ejemplo claro es su estupenda y muy teatralizada introducción del Lamento de Tristán.

Ayer el público acabó encantado, palmeando el último bis, que fue una especie broma coral entonada con gracia por el grupo.

Y ahora, a esperar más Tacuinum. Sinceramente, el enfoque que Artefactum pretende dar a sus próximos trabajos es algo intrigante. ¿Cómo será?; ¿Harán programas del tipo “músicas contra el dolor de estómago”? Seguro que en las Cantigas de Alfonso X encuentran algún milagro al respecto.

domingo, 28 de agosto de 2011

Il ritorno d’Ulisse in patria (Špicer, Mijanović, Auvity – Christie)

Desde que creé El Patio de Butacas, he comentado una ópera en DVD de Claudio Monteverdi cada año, aunque no he respetado el orden cronológico de su composición. Comencé con la estupenda Coronación de Popea de Glyndebourne en noviembre de 2009, cuando se trata en realidad de la última ópera de Monteverdi, cuya autoría ni siquiera se debe a él en su totalidad. El pasado mes de diciembre le llegó su turno al célebre Orfeo en la versión de William Christie del Teatro Real de Madrid. Ahora le toca al Retorno de Ulises, cuyo estreno, en 1641, se sitúa a caballo entre una y la otra. He aquí, como siempre, un resumen del libreto:

Prólogo: La Fragilidad Humana se encuentra sometida al Tiempo, a la Fortuna y al Amor.

Acto 1: En su palacio de Ítaca, Penélope se lamenta de la ausencia de su esposo Ulises, que marchó a combatir contra Troya hace años. Su nodriza Ericlea trata de consolarla. Por su parte, su criada Melanto coquetea con Eurímaco, su amante, y ambos conspiran para convencer a Penélope de que, olvidando a Ulises, vuelva a casarse con alguno de sus poderosos pretendientes.

Mientras tanto, un barco fenicio llega a Ítaca y sus tripulantes dejan a Ulises dormido en la playa. Neptuno, enemigo de Ulises, se muestra furioso ante el hecho de que el héroe de Troya haya conseguido finalmente llegar sano y salvo a su patria, y en venganza hunde el barco fenicio al convertirlo en piedra, con el consentimiento de Júpiter. En la playa, el abandonado y confuso Ulises despierta de su sueño y se encuentra con un enigmático pastorcillo que resulta ser la diosa Minerva en apariencia mortal. Tras jurar Ulises que se someterá a su voluntad, Minerva le ordena que vaya a beber agua de una fuente y la apariencia de Ulises se transforma en la de un anciano mendigo, lo que posibilitará su acercamiento al palacio sin que su presencia alarme a los pretendientes de Penélope, a los que espera aniquilar.

A su vez, los intentos de Melanto de convencer a Penélope de que tome a un nuevo esposo resultan infructuosos, ante el carácter fiel e inmutable de ella. Estos candidatos a ocupar el puesto de Ulises son tres: Pisandro, Anfinomo y Antinoo, que a modo de molesto parásito, mantienen a un ocioso gordinflón llamado Iro, que se burla de un sabio pastor llamado Eumete. Este último termina encontrándose con un misterioso mendigo, en quien es incapaz de reconocer al añorado Ulises. Cuando el falso anciano le hace saber que el retorno de Ulises está próximo, Eumete, incapaz de contener su alegría, decide acogerle y protegerle.


Acto 2: Con la ayuda de Minerva, Telémaco, hijo de Ulises y Penélope, es transportado por los cielos desde Esparta hasta Ítaca, donde se encuentra con Eumete y con su padre, aún disfrazado de mendigo. Cuando Eumete se retira ocurre un prodigio: la tierra engulle al falso anciano y este reaparece convertido en Ulises. Telémaco reconoce entonces a su padre y se dispone a informar a su madre de la feliz noticia de su regreso.

Penélope está siendo presionada por sus tres pretendientes para que vuelva a casarse con alguno de ellos. Aparece entonces Eumete diciendo que la vuelta de Ulises es inminente, tal y como un sabio mendigo le ha hecho saber. También revela la presencia en Ítaca de Telémaco, a quien planean asesinar los pretendientes. Sin embargo, un águila sobrevuela el palacio en ese instante, lo que es interpretado como una señal desfavorable por los supersticiosos Pisandro, Anfinomo y Antinoo, que deciden como única salida posible intentar deslumbrar a Penélope con regalos y tesoros antes de que aparezca Telémaco. Cuando éste último se encuentra con su madre, le revela haber visto a su padre, pero ella no le cree.

Eumete y Ulises disfrazado llegan al palacio. El glotón de Iro se burla del mendigo y le desafía a una lucha en la que es derrotado por Ulises. Penélope se admira del coraje del anciano y decide acogerlo en su palacio. Seguidamente, los pretendientes ofrecen sus tesoros a la esposa de Ulises, que bajo el influjo de Minerva declara inesperadamente que se convertirá en la esposa de aquél que sea capaz de tensar el arco de su esposo. Los candidatos se muestran risueños y confiados, pero uno a uno son vencidos en la prueba. El mendigo pide una oportunidad, tensa el arco y dispara una sola flecha que acaba con la vida de sus tres rivales.


Acto 3: Lloriqueando, el repulsivo Iro lamenta haber perdido a sus tres protectores, y como prefiere la muerte al hambre, corre a suicidarse.

Eumete y Telémaco tratan de convencer a una incrédula Penélope de que el anciano mendigo es en realidad Ulises disfrazado con las artes de Minerva, pero ella se resiste a creerlo.

La propia Minerva, decidida a acabar de una vez por todas con las penurias de su protegido Ulises, pide a Juno que interceda por él ante su esposo Júpiter, que consigue aplacar la ira de Neptuno.

Finalmente, en palacio, Telémaco y Eumete siguen insistiendo a Penélope sobre la verdadera identidad del mendigo, que también ha sido reconocido como Ulises por Ericlea, la nodriza. Ulises aparece entonces con su aspecto habitual y Penélope se cree víctima de una alucinación inducida por un mago, pero acaba reconociendo a su marido cuando este le describe el manto de seda que ella utiliza para cubrir su lecho cada noche. De este modo, la pareja acaba felizmente reunida.

Enlace a la traducción española del libreto (versión en cinco actos).


Aunque en su día de dudó de la autoría musical del Ulisse, hoy parece incuestionable que la obra se debe a Claudio Monteverdi, quien en 1640, fecha de la composición, contaba con setenta y tres años de edad. Se trata, por tanto, de una obra tardía, y al igual que la posterior Poppea de 1643, muy lejana al Orfeo de 1607, tanto en lo temporal como en lo musical. De la llamada “trilogía de Monteverdi”, El retorno de Ulises es el título en el que mayor protagonismo adquiere el recitar cantando, lo que puede hacerla algo áspera para oídos poco acostumbrados al leguaje barroco monteverdiano. Sin embargo, esta forma de discurso musical no deja de ser un elemento clave que permite considerar estas obras como extrañamente actuales y muy lejanas de estilos y formas de composición superados y mutables según el paso del tiempo. El libreto en el que se apoya se debe a Giacomo Badoaro y se basa en los libros trece a veintitrés de la Odisea de Homero. No olvidemos que nos encontramos en los albores de la historia de la ópera y que esta nació como un género destinado en cierto modo a emular al antiguo teatro griego. Aunque sabemos que la edición original del libreto constaba de cinco actos (tal y como aparece en la traducción que he enlazado más arriba), existe una versión en tres actos en la Biblioteca Nacional de Viena, reconstruida por Alan Curtis. Es esta versión la que utiliza William Christie en el DVD que comentamos a continuación.


Grabado en julio de 2002 en el Théâtre du Jeu de Paume, este Ritorno d’Ulisse cuenta con la producción, a cargo de Adrian Noble, del Festival d’Aix-en-Provence del año 2000, con vestuario y decorados de Anthony Ward. Se trata de una producción visualmente atractiva, por mucho que no quepa hablar demasiado de decorados, y menos aún de cambios importantes en los mismos. Todo el escenario, flanqueado por dos paredes, está cubierto de arena como si de una playa se tratase, y quizás eso explique el hecho extraño de que Christie, tal vez no muy dispuesto a llenarse los zapatos de arena, no suba a saludar al terminar la función por mucho que tenga la escalera de acceso justo al lado. Los cantantes, obviamente, no tienen ese problema porque todos deambulan descalzos por el escenario. Así las cosas, es la iluminación la que sugiere los mayores cambios escénicos, especialmente en las escenas más asociadas a personajes divinos o a hechos sobrenaturales, adquiriendo el escenario repentinos tonos azulados. Es el caso, por ejemplo, de las escenas de Júpiter y Neptuno o del traslado aéreo de Telémaco hasta Ítaca merced al poder de Minerva. Ahora bien, la sencillez de la puesta en escena no implica falta de imaginación: a destacar, por acertado, está el modo en el que se muestra a Minerva dominando la voluntad de Penélope cuando ésta propone a sus pretendientes la prueba del arco, como si de una especie de posesión se tratase, y sobre todo la muerte de aquellos con una única flecha. En realidad, no vemos a Ulises disparar el arco, sino a Minerva tomar la flecha y lanzarse corriendo con ella contra Antinoo, Anfinomo y Pisandro. Es una solución que resuelve de forma imaginativa y hasta divertida el problema de cómo matar en escena a tres hombres con una sola flecha.

También el vestuario, con su aparente sencillez, es bastante inteligente. A Penélope la vemos permanentemente vestida de negro, como si de una viuda se tratase. Compárese su atavío, por ejemplo, con el de su criada Melanto. Las ropas oscuras de una y el vientre descubierto de la otra son elementos visuales que nos ayudan a enfocar correctamente a los personajes de manera sutil, casi inconsciente: la una vive apenada por la pérdida del esposo; la otra se entrega al amor y trata de persuadirla de que olvide su dolor con nuevas alegrías. Con todo, es el prólogo lo que más chocará al espectador. Concretamente, me refiero al modo en el que se nos presenta aquí al personaje alegórico de la Fragilidad Humana, interpretado por un Rachid Ben Abdeslam (Nireno en el Giulio Cesare de Glyndebourne) totalmente desnudo. No hay ninguna intención erótica en ello. De hecho, más que erotismo, lo que se consigue transmitir con la imagen de ese hombre desnudo, alumbrado apenas por la luz de una fogata, es una sensación de vulnerabilidad y desamparo, de melancolía, patetismo y de resignado sometimiento a la voluntad y al capricho divinos. Unos dioses que se nos muestran con los ojos vendados (Fortuna), como ancianos con muletas que también sirven como alas (Tiempo) o como chiquillos caprichosos (Amor). A fin de cuentas, el prólogo cumple el esencial papel de exponernos cómo los personajes de la historia –y nosotros mismos, no lo olvidemos– se muestran influenciados en todo su comportamiento por esos tres factores (Fortuna, Tiempo, Amor) y cómo no ocurre nada que no obedezca a la voluntad de Minerva.


Entrando ya en el apartado musical, el croata Krešimir Špicer es nuestro Ulisse. En una entrevista que se acompaña en el DVD, William Christie cuenta cómo Marijana Mijanović, después de haber obtenido el papel de Penélope, consiguió que hicieran una prueba para Špicer sin revelar que era su novio. El chico, de aspecto fuerte y corpulento, consiguió el papel y lo canta con una voz de tenor muy masculina que a veces suena incluso abaritonada (aquí se requiere de un tenor que no tenga apuros en el descenso) sin que tampoco se perciba ningún oscurecimiento artificial en la voz. Es un más que correcto Ulises, como evidencia el hecho de que René Jacobs se interesara por él para el mismo papel justo después de que Christie lo hiciera, y sabe cantar con voz acaramelada, aportando especial emoción a la escena del reencuentro final con su esposa, en la que las lágrimas le caen por las mejillas. No sé si es ignorancia mía, pero con todo esto, me da la sensación de que la carrera de este cantante no acaba de despegar, más allá de estos Ulises y de algunos papeles mozartianos.

Sé que Marijana Mijanović, en quien recae el papel de Penélope, cuenta con muchos defensores en el ámbito barroco, pero a mí, sinceramente, me suscita mis reservas. Su oscura voz y su elegancia aristocrática son las que demanda el personaje, pero su emisión a veces resulta algo andrógina y carente de belleza. No es algo que tenga que ver con el ámbito interpretativo, sino que se trata de su propia voz, como evidencia el hecho de que pueda resultar ingrata al oído tanto en papeles femeninos como másculinos (Giulio Cesare de Minkowski). Esto no significa que no tenga momentos realmente grandes en este Ulises, y a nivel escénico está estupenda. Pensemos en un cantante como Rockwell Blake. En el ámbito rossiniano nadie con dos dedos de frente puede dudar de su valía y de su técnica, pero su voz, simplemente, desagrada a muchos. Por lo demás, el papel de Penélope recuerda en ocasiones a la Ottavia de Poppea: es un lamento continuo por la pérdida del esposo, y ambas rechazan los amores de otros (Melanto desempeña respecto de Penélope el mismo papel que la nodriza de Ottavia) sólo que la esposa de Ulises, a diferencia de la de Nerón, sabe estar a la altura de las circunstancias sin caer en la crueldad.

Los papeles secundarios están, por lo general, bien defendidos, empezando por el estupendo Telémaco del joven Cyril Auvity, de quien ya hablé en términos positivos en relación al posterior Orfeo del Real y que resulta de lo mejor del reparto. Junto a él, tenemos a Olga Pitarch en el doble papel de Amor y Minerva, de voz estrecha y solvente en las agilidades y en el plano escénico. Sabe mostrarse infantil y divertida en el Prólogo y en su aparición como pastorcillo, para pasar a adoptar posteriormente un aire de mayor solemnidad como Minerva, a quien podemos considerar en cierto modo como la verdadera protagonista de la historia, del mismo modo que lo es Amor en Poppea. Menos convincente resulta la pareja de Melanto y Eurímaco, a cargo de Katalin Károlyi y Zachary Stains respectivamente. Él canta su discreto papel con una correcta voz de tenor, aunque su emisión no deja de parecer incluso algo chillona comparada con la limpieza y belleza de Auvity. Por su parte, Károlyi canta con hermosa voz, aunque su exiguo grave queda bien patente. En este sentido, convence más como diosa Fortuna en el Prólogo que en el más largo papel de Melanto. La criada de Penélope es la serpiente del árbol prohibido, y el oyente mozartiano no tardará en descubrir una inquietante similitud con Despina. Ambas criadas sirven a mujeres abandonadas por sus parejas a las que por motivos oscuros tratan de convencer de que amen a ricos extranjeros.


Muy convincente resulta el Eumete de Joseph Cornwell, así como los pretendientes Antinoo (Bertrand Bontoux), Anfinomo (Andreas Gisler) y Pisandro (Christophe Laporte), que regalan uno de los mejores momentos musicales con un estupendamente sinuoso “Ama dunque, sì, sì”. Son personajes negativos a los que se presenta de forma grotesca, algo que especialmente afecta al repugnante Iro, interpretado por Robert Burt. No es un cantante profesional, sino un actor de la Royal Shakespeare Company que aporta un gran sentido teatral a cada una de sus apariciones, al tiempo que se defiende con una voz que no deja de resultar adecuada para el papel. Sus intervenciones son repulsivas astracanadas, especialmente en lo que concierne a sus intentos de provocar a Ulises antes de combatir contra él y salir derrotado y a su escena de suicidio. Es voluntad de Monteverdi que estos momentos tengan un carácter tan grotesco. De hecho, el mayor equivalente a la última escena de Iro que podemos encontrar en sus óperas es la conmovedora despedida de Séneca a sus amigos y familiares en Poppea (Amici, è giunta l’ora), en la que el carácter serio y se supone que virtuoso del personaje permite al autor dibujar una música solemne y al mismo tiempo amarga y conmovedora. Iro, más que conmover y suscitar admiración, lo que produce en el espectador es una mezcla de risa y asco.

El resto del reparto lo componen, como decíamos, Rachid Ben Abdeslam, quien además de enseñar el ciruelo en su papel alegórico de la Fragilidad Humana canta bien, la Ericlea de Geneviève Kaemmerlen y los demás personajes “divinos”. Correctos Júpiter y Juno, a cargo de Eric Raffard y Rebecca Ockenden, respectivamente. Por su parte, Paul-Henry Vila canta su doble papel de Neptuno y el Tiempo con una adecuada voz oscura del tipo de la que espera para Caronte en Orfeo, aunque falto de agilidad.

En cuanto a la dirección musical, William Christie dirige a su habitual conjunto Les Arts Florissants con una plantilla reducida de tan solo dieciséis músicos, incluyendo al propio Christie, que dirige desde el clave. El resultado es bastante efectista, especialmente en un teatro pequeño como en el que está grabado. También está impecable el coro.

Por último, la filmación es bastante buena, aunque adolece de algunos cortes bruscos, concretamente en la transición del primer acto al segundo y en los aplausos finales. El DVD incluye una entrevista a William Christie en la que habla sobre la “modernidad” de la música de Monteverdi y sobre su plantilla de cantantes para este Ulisse en términos lógicamente halagadores.

NOTA IMPORTANTE: Este de DVD sólo se ha editado en Región 1, lo que significa que sólo es reproducible en aparatos de Norteamérica o en reproductores multiregión. Yo me hice con él sin darme cuenta y tuve que hacerle, no sin cierta dificultad, una copia en un DVD virgen, que es la que puedo ver. No sé lo que le costará a Virgin editar estas cosas en Región 0, como hacen la inmensa mayoría de los otros sellos que distribuyen óperas en DVD. En fin, al menos trae subtítulos en castellano, por mucho que la película no sea compatible con los reproductores de los países de habla hispana.












martes, 23 de agosto de 2011

Leyendas de amor y sangre


Al igual que hiciera Axabeba, el seiscientos cincuenta aniversario de la muerte de María de Padilla ha servido como excusa e hilo conductor del programa que el grupo medieval Aquitania ha traído a los jardines del Alcázar los días 8 y 22 de agosto. Como bien apuntó anoche Juan Manuel Rubio, no ha llegado a nuestros días ninguna pieza musical que podamos vincular directamente a María de Padilla o a Pedro el Cruel, y de ahí que el programa que se presenta se encuentre esbozado tomando como eje central la música medieval del siglo XIV.

El concierto se abrió de forma enérgica con una pieza tradicional turca llamada Ussak Saz Semai, si mi cabeza no me falla (aunque se interpretó la totalidad del programa previsto, no se respetó el orden establecido en el folleto), que llegó a alcanzar ritmos frenéticos y realmente dionisíacos. Fue este uno de los rasgos característicos de la actuación de anoche: interpretaciones plenas de colorido instrumental, de inventiva y de viveza, pero necesitadas quizá de una mayor espiritualidad en las obras sacras. El caso más evidente fue sobre todo la Imperayritz de la ciutat joiosa y en menor medida el Maria Matrem, ambas del Llivre Vermell de Montserrat y precedida esta última de una larga introducción instrumental, fruto supongo de la inventiva del grupo, en la que tuvo un papel destacado el arpa de Villalba. Algo parecido sucedió en el O Virgo splendens, que se cerró también de forma instrumental, a modo de estampida final. Epicuro frente a Zenón.

Al margen de la incuestionable belleza instrumental, en la que junto con Emilio Villalba y Juan Manuel Rubio brilló sobresalientemente Elena Escartín con las flautas de pico, el apartado vocal también merece de ciertas consideraciones. Escuchando la voz de Leonor Bonilla, anoche tuve la sensación de que la música medieval sonaba como si se tratara de canciones pop, y a mi mente acudieron algunos de los experimentos de L’Arpeggiata, tan simpáticos al oído como cuestionables en cuanto a su ortodoxia. En cualquier caso, nos movemos aquí en terreno peligroso, pues tomarse el rigor histórico al pie de la letra excluiría, sin ir más lejos, la presencia de voces femeninas en la música sacra no ya en el ámbito medieval, sino hasta al menos el siglo XIX. Por muy historicista que uno sea, es inevitable que exista una suerte de “compromiso de falsedad”, probablemente inconsciente, que posibilita el disfrute junto con agrupaciones instrumentales historicistas, por ejemplo, del Monteverdi Choir... o de la voz y el estilo de Leonor Bonilla. Todo queda en el lugar en el que el oyente decida poner el límite. Por lo demás, la voz es bella y Bonilla sabe hacerla vibrar de forma efectiva, especialmente en el registro alto. Lo más destacable en este sentido fue una estupenda Ecco la primavera de Landini, en la que tan sólo pudo criticarse el acompañamiento vocal de Rubio, con una voz de tenor de ingrato timbre y no muy solvente en las agilidades.

Leyendas de Amor y Sangre

650 Aniversario de la muerte de María de Padilla

O Virgo splendens (Llivre Vermell, Montserrat, s.XIV)
Plus dure que un dyamant (Guillame Machaut)
Ussak Saz Semai (Trad. Siria)
Ecco la primavera (Francesco Landini)
In pro (Anon. Italia, s.XIV)
Mariam matrem (Llivre Vermell, Montserrat, s.XIV)
La Rotta (Anon. Italia, s.XIV)
Imperayritz de la ciutat joiosa (Llivre Vermell, Montserrat, s.XIV)
Huseyni Pesrev (Trad. Turquía)



La Rotta (Italia, s. XIV) – Aquitania

Categorías

Accademia del Piacere (3) Actualidad (32) Adam Fischer (1) Adelio Zagonara (3) Adina Aaron (1) Adolphe Adam (2) Adriana Kučerová (1) Agnes Baltsa (1) Aida (4) Ainhoa Arteta (4) Ainhoa Garmendia (1) Akademie für Alte Musik Berlin (1) Alan Curtis (1) Alastair Milnes (1) Alberto Erede (1) Aldo Bottion (3) Alessandro Granda (1) Alessandro Scarlatti (1) Alessandro Stradella (1) Alexander Joel (2) Alexander Rahbari (1) Alexander Scriabin (1) Alexander Vinogradov (1) Alexia Voulgaridou (2) Alfonso Antoniozzi (1) Alfredo Kraus (3) Alice Coote (1) Alicia Alonso (2) Alicia Nafé (1) Amanda Roocroft (1) Amandine Beyer (2) Ambrogio Maestri (1) Amy Freston (2) Ana Frank (3) Andreas Schager (1) Andreas Scholl (1) Andrei Serban (1) Angela Gheorghiu (3) Angelika Kirchschlager (2) Angelo Mercuriali (3) Anita Cerquetti (1) Anita Soldh (3) Anja Harteros (1) Anke Vondung (1) Ann Christine Biel (4) Ann Murray (2) Anna Caterina Antonacci (2) Anna Maria Canali (2) Anna Moffo (2) Anna Netrebko (1) Anna di Stasio (2) Anne Sofie von Otter (4) Anthony Minghella (1) Anthony Rolfe Johnson (4) Antoine Forquerai (1) Anton Dermota (1) Anton Webern (1) Antonietta Stella (1) Antonino Siragusa (1) Antonio Meneses (1) Antonio Pappano (1) Antonio Vivaldi (9) Aprile Millo (1) Aquitania (3) Ara Malikian (1) Arleen Augér (2) Arnold Östman (9) Artefactum (4) Arturo Basile (1) Audrey Hepburn (1) Axabeba (6) Ballet (8) Ballet Nacional de Cuba (2) Ballet Nacional de Estonia (1) Ballet Nacional de Kiev (1) Barbara Bonney (4) Barbara Frittoli (4) Barbara Hendricks (1) Barbara Schlick (1) Bayerisches Staatsballett (1) Beniamino Gigli (1) Bernabé Martí (1) Bernarda Fink (2) Bo Skovhus (1) Bonaldo Giaiotti (1) Boris Christoff (1) Britt-Marie Aruhn (1) Bruce Rankin (1) Bruno Bartoletti (2) Bruno Campanella (1) Bryn Terfel (2) Cajasol (7) Camilla Nylund (1) Carl Maria von Weber (1) Carl Philipp Emanuel Bach (4) Carles Magraner (2) Carlo Bergonzi (4) Carlo Colombara (3) Carlo Maria Giulini (1) Carlos Chausson (3) Carlos Feller (3) Carlos Kleiber (1) Carlos Mena (6) Carlos Álvarez (2) Carmela Remigio (1) Carmen (5) Carmen Giannasttasio (1) Carol Neblett (1) Catherine Malfitano (1) Catherine Robbin (1) Cavalleria Rusticana (1) Celso Albelo (1) Cesare Siepi (3) Cesare Valletti (1) Charles Rosekrans (1) Cheryl Barker (1) Christa Ludwig (3) Christian Zacharias (1) Christina Deutekom (1) Christina Pluhar (1) Christoph Willibald Gluck (4) Christophe Coin (3) Christophe Dumaux (1) Christopher Hogwood (1) Ciclo de Cámara OBS (2) Ciclo de Músicas Históricas OBS (8) Cine y TV (2) Claire Watson (1) Clara Petrella (1) Claudio Abbado (4) Claudio Desderi (2) Claudio Nicolai (1) Claudio Sgura (2) Claus Guth (1) Clifford Grant (1) Compañía Nacional de Danza (1) Conchita Velasquez (1) Conciertos de Brandemburgo (1) Constanze Backes (3) Coppélia (1) Corelli (2) Cornelius Hauptmann (1) Cornell MacNeil (2) Coro Barroco de Andalucía (2) Così fan tutte (5) Cyril Auvity (2) Dagmar Schellenberger (1) Dalibor Jenis (1) Daniel Barenboim (4) Daniel Oren (1) Daniela Schillaci (1) Daniele Callegari (1) Danielle de Niese (3) Danza Maestranza (11) Das Rheingold (1) David Kuebler (1) David McVicar (2) Debilidades (2) Der Freischütz (1) Derek Lee Ragin (1) Diana Damrau (1) Die Entführung aus dem Serail (1) Die Walküre (1) Die Zauberflöte (5) Die lustige Witwe (1) Diego Fasolis (1) Dietrich Fischer-Dieskau (1) Dietrich Henschel (1) Dimitri Ulianov (4) Discografía (2) Discografía ópera (57) Dmitry Sinkovsky (1) Doctor Atomic (1) Dolora Zajick (3) Domenico Scarlatti (1) Dominique Visse (3) Don Carlo (3) Don Giovanni (6) Don Pasquale (1) Donizetti (8) Dorothea Röschmann (2) Dwayne Croft (1) Edgardo Rocha (1) Edita Gruberova (3) Edo de Waart (1) Eduardo López Banzo (1) Edward Downes (1) Eirian James (1) Ekaterina Siurina (1) El Cascanueces (2) El lago de los cisnes (1) El ocaso de los dioses (1) Elena Obraztsova (3) Elijah Moshinsky (1) Elina Garanča (3) Elisabeth Grümmer (1) Elizabeth Harwood (1) Emmanuelle Haïm (1) English National Ballet (1) Enrico Casazza (1) Enrico Cossutta (1) Enrico Onofri (9) Enzo Dara (2) Enzo Frigerio (1) Enzo Sordello (1) Erich Hoeprich (1) Erich Leinsdorf (2) Erna Berger (1) Erwin Schrott (1) Ettore Bastianini (2) Eva Marton (1) Evelyn Herlitzius (1) Ezio Frigerio (3) Fabio Capitanucci (1) Fahmi Alqhai (5) Falk Struckmann (1) Fazil Say (1) Fernando Corena (3) Ferruccio Furlanetto (2) Ferruccio Tagliavini (1) Festival de Música Antigua de Sevilla (26) Fidelio (1) Fiorenza Cedolins (3) Fiorenza Cossotto (5) Flaviano Labò (1) Florian Boesch (1) Forma Antiqva (1) Francesco Geminiani (1) Francesco Molinari-Pradelli (2) Francis Egerton (4) Francisco Araiza (3) Francisco Guerrero (1) Francisco Negrín (1) Franco Calabrese (1) Franco Zeffirelli (8) Frank Lopardo (2) Frans Brüggen (1) Franz Crass (2) Franz Lehár (1) Franz Schubert (4) Franz Welser-Möst (1) Franz-Josef Selig (2) François Couperin (1) Frederica von Stade (2) Frédéric Chopin (1) Furio Zanasi (4) Gabriel Fauré (1) Gabriele Bellini (1) Gabriele Santini (2) Galina Vishnevskaya (1) General (4) Gente a la que admiro (3) Georg Philipp Telemann (7) George Frideric Handel (13) George Petean (1) Georges Bizet (7) Ghena Dimitrova (1) Giacomo Prestia (2) Giacomo Puccini (61) Gianandrea Gavazzeni (1) Gianfranco Rivoli (1) Gianni Raimondi (1) Gillian Knight (5) Gino Vanelli (1) Gioachino Rossini (9) Giorgio Gallione (1) Giorgio Zancanaro (1) Giovanna Casolla (2) Giovanni Battista Pergolesi (3) Giovanni Reggioli (1) Giselle (2) Giuliano Carmignola (2) Giulietta Simionato (1) Giulio Cesare (3) Giuseppe Campora (2) Giuseppe Di Stefano (3) Giuseppe Gipali (1) Giuseppe Nessi (1) Giuseppe Patané (2) Giuseppe Sinopoli (2) Giuseppe Taddei (2) Giuseppe Tartini (1) Giuseppe Verdi (25) Grace Bumbry (1) Graham Vick (1) Gustav Leonhardt (1) Gustav Mahler (2) Göran Järvefelt (4) Gösta Winbergh (1) Günter Neuhold (1) Hector Berlioz (1) Henry Purcell (3) Herbert von Karajan (8) Hermann Prey (3) Hervé Niquet (1) Hildegard Behrens (2) Hiromi Omura (1) Historicismo (1) Hugo Wolf (1) Hui He (1) Humperdinck (2) Hänsel und Gretel (1) Håkan Hagegård (2) Héctor Sandoval (1) Idomeneo (2) Iestyn Davies (1) Il Trovatore (2) Il barbiere di Siviglia (4) Il ritorno d'Ulisse (1) Il trionfo del tempo e del disinganno (1) Ildebrando D'Arcangelo (1) Inger Dam-Jensen (1) Ingvar Wixell (3) Iris Vermillion (1) Irmgard Vilsmaier (1) Iréne Theorin (1) Isaac Albéniz (1) Isabel Leonard (1) Ismael Jordi (2) Ivo Pogorelich (1) Ivo Vinco (3) Ivor Bolton (1) Iván Fischer (1) Jacques Offenbach (2) James Conlon (2) James King (1) James Levine (4) Jana Kurucová (1) Janice Baird (1) Javier Perianes (1) Jean-Philippe Rameau (3) Jean-Pierre Ponnelle (6) Jennifer Holloway (1) Jennifer Larmore (2) Jessica Pratt (1) Jesús López-Cobos (1) Joan Martín-Royo (1) Joan Sutherland (4) Joaquín Achúcarro (1) Joaquín Turina (1) Johann Christian Bach (1) Johann Hieronymus Kapsberger (1) Johann Jakob Froberger (1) Johann Sebastian Bach (15) Johannes Brahms (2) John Adams (1) John Cox (1) John Del Carlo (1) John Dexter (1) John Eliot Gardiner (8) John Mark Ainsley (1) John Tomlinson (1) Jon Vickers (3) Jonas Kaufmann (3) Jordi Savall (4) Jorge de León (1) Joseph Bodin de Boismortier (1) Joseph Haydn (6) José Bros (2) José Carreras (2) José Ferrero (1) José Van Dam (3) Joyce DiDonato (1) Juan Pons (2) Juan Sancho (3) Jules Massenet (3) Julia Doyle (1) Julia Migenes-Johnson (1) Julia Varady (1) Julius Rudel (1) Jussi Björling (1) Kate Aldrich (1) Katia Ricciarelli (1) Kazushi Ono (1) Kenneth Riegel (1) Kiri Te Kanawa (4) Krešimir Špicer (1) Kristinn Sigmundsson (2) Kurt Moll (2) L'Arpeggiata (1) L'Orfeo (2) L'incoronazione di Poppea (2) La Bayadère (1) La Bohème (4) La Cenerentola (3) La Cenicienta (ballet) (1) La Fura dels Baus (3) La Máquina del Tiempo (1) La Traviata (6) La bella durmiente (1) La clemenza di Tito (3) La fanciulla del West (1) La favorita (3) La finta giardiniera (1) La princesse de Navarre (1) La serva padrona (2) Lars Tibell (1) Lars Ulrik Mortensen (1) Laurent Pelly (1) Le nozze di Figaro (5) Leo Nucci (3) Leona Mitchell (1) Leontyne Price (3) Leoš Janáček (1) Licia Albanese (1) Lioba Braun (1) Lisa Della Casa (2) Literatura (6) Llibre Vermell de Montserrat (1) Lorenzo Molajoli (1) Lorin Maazel (4) Los miserables (1) Louis Quilico (2) Luca Pisaroni (2) Lucia Popp (2) Lucia di Lammermoor (3) Luciano Pavarotti (9) Ludwig van Beethoven (5) Luigi Alva (2) Luigi Roni (2) László Polgár (3) Léo Delibes (1) M22 (3) Madama Butterfly (47) Madeline Bender (1) Maestranza (65) Magda Olivero (2) Magdalena Kožená (2) Manfredo Kraemer (2) Manon Lescaut (3) Manuel de Falla (3) Marcello Giordani (2) Marcelo Álvarez (2) Marco Berti (1) Marco Vinco (2) Marco Vratogna (1) Maria Callas (5) Maria Chiara (1) Maria Christina Kiehr (1) Maria Ewing (1) Maria Grazia Schiavo (1) Maria Höglind (2) Maria Joao Pires (1) Maria Keohane (1) Maria Spacagna (1) Maria Zifchak (1) Marianna Pizzolato (1) Marianne Rørholm (1) Mariella Devia (1) Marijana Mijanović (1) Marin Marais (1) Marina Rodríguez-Cusì (1) Mario Basiola (1) Mario Boriello (1) Mario Carlin (1) Mario Gas (1) Mario del Monaco (2) Mariola Cantarero (2) Mariusz Kwiecien (1) Martin Thompson (1) Martti Talvela (1) María Espada (6) Massimiliano Pisapia (1) Massimiliano Stefanelli (1) Massimo Giordano (1) Matteo Manuguerra (1) Matthew Polenzani (1) Maurizio Arena (1) Maurizio Benini (1) Melchiorre Luise (2) Miah Persson (2) Michael Chance (2) Michael Devlin (1) Michael Maniaci (1) Michael Schade (3) Michel Sénéchal (5) Michel Volle (1) Michele Mariotti (1) Mirella Freni (10) Miriam Gauci (1) Mojca Erdmann (1) Monteverdi (8) Montserrat Caballé (3) Montserrat Figueras (1) Montserrat Martí (1) Moïse et pahraon (1) Musicales (1) Nabucco (2) Nancy Argenta (2) Nancy Fabiola Herrera (1) Navidad (1) Nazzareno Antinori (2) Nello Santi (1) Nelson Portella (1) Nichola Hytner (1) Nicola Raab (1) Nicola Rescigno (1) Nicolai Gedda (2) Nicolai Ghiaurov (6) Nicolas Rivenq (1) Nikolaus Harnoncourt (3) Nino Machaidze (1) Noches en los jardines del Alcázar (31) Norah Amsellem (1) Norma (1) Nuria Rial (1) Olga Peretyatko (1) Oliviero de Fabritiis (4) Orfeo y Eurídice (3) Orietta Moscucci (1) Orquesta Barroca de Sevilla (37) Orquesta de Extremadura (1) Otello (2) Otras cosas (21) Otros Conciertos (7) Otto Edelmann (1) Otto Klemperer (1) Paata Burchuladze (2) Pablo Elvira (1) Pamela Helen Stephen (1) Paolo Battaglia (1) Paolo Montarsolo (6) Patricia Bardon (1) Patricia Petibon (2) Patricia Racette (1) Patrick Fournillier (1) Patrick Summers (1) Paul Armin Edelmann (1) Peter Dvorsky (2) Peter Neumann (1) Petra Lang (1) Petteri Salomaa (3) Philip Langridge (2) Philippe Herreweghe (1) Philippe Jaroussky (1) Philippe Jordan (1) Piano (5) Piano Maestranza (7) Pier Francesco Poli (1) Pier Luigi Pizzi (2) Piero Cappuccilli (1) Piero de Palma (7) Pierre Dervaux (1) Pierre Hantaï (1) Pietro Locatelli (1) Pietro Mascagni (1) Piotr Beczala (1) Plinio Clabassi (2) Plácido Domingo (22) Rachel Yakar (1) Rafael Frühbeck de Burgos (1) Raffaella Angeletti (1) Raina Kabaivanska (4) Rainer Trost (1) Ramón Vargas (1) Raquel Andueza (5) Recitales Maestranza (14) Renata Scotto (4) Renata Tebaldi (3) Renato Bruson (3) Renato Cesari (2) Renato Cioni (4) Renato Palumbo (1) René Jacobs (2) René Pape (1) Renée Fleming (1) Riccardo Chailly (1) Riccardo Muti (6) Richard Bonynge (2) Richard Croft (2) Richard Di Rienzi (1) Richard Eyre (2) Richard Strauss (3) Richard Troxell (2) Richard Tucker (1) Richard Van Allan (2) Richard Wagner (5) Rigoletto (3) Rita Gorr (1) Robert Carsen (1) Robert Lloyd (1) Robert Merrill (1) Robert Schumann (2) Robert Wilson (2) Roberta Invernizzi (1) Roberto Alagna (1) Roberto Frontali (2) Roberto Saccà (1) Roberto Tavigiani (1) Roberto de Simone (1) Robin Leggate (6) Rodney Gilfry (3) Rolando Panerai (3) Romeo y Julieta (Ballet) (1) Romina Basso (1) Rosa Mannion (1) Rosalind Elias (2) Rosetta Pampanini (1) Ruggero Raimondi (4) Ruth Rosique (1) Salome (2) Samuel Barber (1) Samuel Ramey (1) Sarah Connolly (2) Scott Piper (2) Sena Jurinac (1) Sergei Leiferkus (1) Sergei Prokofiev (2) Sergej Larin (2) Sergi Giménez (1) Sergio Escobar (1) Sergéi Rajmáninov (1) Sesto Bruscantini (1) Sharon Graham (1) Sherril Milnes (4) Siegfried (1) Sigiswald Kuijken (1) Silvano Carroli (1) Simon Boccanegra (1) Simon Keenlyside (1) Simón Orfila (2) Sir Colin Davis (2) Sir Georg Solti (5) Sir John Barbirolli (1) Sir Neville Marriner (1) Sir Peter Hall (1) Sir Peter Pears (1) Sir Roger Norrington (1) Sir Thomas Allen (4) Skip Sempé (1) Sonia Ganassi (4) Sonia Prina (1) Sonja Frisell (2) Sonya Yoncheva (1) Stefan Dahlberg (2) Stefania Bonfadelli (2) Stefania Malagú (2) Stephen Costello (1) Stolen Notes (2) Stuart Kale (2) Susanne Mentzer (1) Svetla Vassileva (1) Svetlana Katchour (1) Sylvia McNair (2) Tamara Wilson (1) Tatiana Lisnic (1) Tchaikovsky (4) Teddy Tahu Rhodes (1) Teodor Ilincai (2) Tercia realidad (2) Teresa Berganza (4) Teresa Stratas (1) Thaïs (2) The Hilliard Ensemble (1) Thomas Hampson (2) Tito Gobbi (3) Tiziano Severini (1) Tokyo String Quartet (1) Tom Krause (2) Tomás Luis de Victoria (1) Topi Lehtipuu (3) Tosca (4) Toti Dal Monte (1) Trevor Pinnock (1) Tristán e Isolda (1) Tullio Serafin (1) Turandot (5) Tuva Semmingsen (1) Ute Gfrerer (1) Vanni Moretto (1) Variaciones Goldberg (1) Venice Baroque Orchestra (1) Veronika Kincses (1) Vespro della Beata Vergine (1) Vesselina Kasarova (1) Victor de Sabata (1) Victoria de los Ángeles (2) Villancicos (1) Vincent Boussard (2) Vincenzo Bellini (1) Viorica Cortez (2) Vittoria Palombini (1) Vivica Genaux (1) Walter Berry (2) Werther (1) Wilbert Hazelzet (1) Wilhelm Furtwängler (1) Will Hartmann (1) William Christie (3) Willy Decker (1) Wolfgang Ablinger-Sperrhacke (1) Wolfgang Amadeus Mozart (45) Wolfgang Brendel (1) Wolfgang Sawallisch (2) Xavier Sabata (2) Y digo yo (3) Yannick Nézt-Séguin (1) Yasuko Hayashi (1) Ying Huang (2) Yolanda Auyanet (3) Yordy Ramiro (1) Yuja Wang (3) Zaide (1) Zarzuela (1) Zoltán Kocsis (1) Zubin Mehta (5) Ángel Corella (1) Ángel Ódena (3) Ópera (193) Ópera Maestranza (27) Ópera en DVD (77) Šárka (1)